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Una verdadera santa

Una novela narra vida y obra de la cordobesa Saturnina Rodríguez Montenegro, fundadora de las Esclavas del Corazón de Jesús, en proceso de beatificación. Rogelio Demarchi.

29 de enero de 2012 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi Especial
Una verdadera santa

Cada tanto, la literatura y la historia nos advierten sobre la significación que tuvieron en nuestro siglo XIX algunas mujeres. La cordobesa Saturnina Rodríguez Montenegro (1823-1896), fundadora de las Esclavas del Corazón de Jesús, es un claro ejemplo. En Esclava del Señor (El Emporio, 2011) novela histórica, o también, biografía novelada, Mabel Pagano nos pone en contacto con su vida y su obra. Huérfana de padre y madre desde su infancia, fue criada por una tía. Alrededor de los 17 años sintió el despertar de su vocación religiosa, tras vivir la experiencia de los ejercicios espirituales ignacianos que impartían los jesuitas, que habían regresado a la provincia, aunque poco después volverían a ser expulsados. Sin embargo, Saturnina no ingresó de inmediato a ninguna de las órdenes que por entonces existían en nuestra ciudad. Hay quienes sostienen que la demora se debió a que no quería entregarse a una vida contemplativa, sino a un apostolado activo. Hay quienes entienden que escuchó el consejo de su tía: dejar que el tiempo madurase la decisión, y en el mientras tanto no negarse a explorar el vínculo afectivo con los varones. Pagano prefiere esta segunda posibilidad y describe sus salidas con Manuel Derqui, que estaba profundamente enamorado de ella. Por cierto, son los tiempos de la cruenta guerra civil, cuando Córdoba estuvo gobernada por Manuel "Quebracho" López, aliado de Juan Manuel de Rosas, y los unitarios padecieron todo tipo de vejámenes bajo el poder de la mazorca. De hecho, en nuestra ciudad, había varios centros de detención (llamados "mataderos"), donde los opositores al régimen eran torturados hasta la muerte. "Existían en la ciudad cuatro mataderos, que cumplían diariamente con su cuota de sangre. Uno, vecino a la iglesia de La Merced, al que se lo conocía con el nombre de El Hueco, que estaba a las órdenes del mayor Martínez; el segundo se ubicaba en las inmediaciones de la iglesia del Pilar; el tercero se hallaba cerca de la iglesia de Santo Domingo, en la calle Ancha, al que se lo conocía con el nombre de La Casa de los Igarzábal, pues la propiedad había sido secuestrada a esa noble familia. Finalmente, el cuarto degolladero se levantaba en el predio que hasta poco tiempo atrás estuviera destinado a la construcción del templo de San José". Uno de los hombres del gobernador, el coronel Manuel Antonio de Zavalía, se fijó en Saturnina y no aceptó su negativa. Por el contrario, llegó al extremo de amenazar a su confesor para que éste la convenciera de que aceptara su propuesta matrimonial. Cuando enviudó, descubrió que por esa condición ninguna orden la admitía. Entonces, asumió la tarea de crear una nueva, dedicada a la educación y a la defensa de la mujer. Venció todo tipo de obstáculos hasta alcanzar el objetivo. Gabriel Brochero fue uno de los primeros en pedirle auxilio, lo que amplió el horizonte de su misión. Saturnina hizo realidad aquello de que la fe mueve montañas. Declarada "venerable" por Juan Pablo II, está en proceso de beatificación.