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Sin referencias en 23.280 palabras

La inflación, eje de los temas de fondo, no tuvo espacio en el largo relato de Cristina ante el Congreso. Juan Turello.

04 de marzo de 2012 a las 12:02 a. m.
Sin referencias en 23.280 palabras

Cristina Kirchner habló durante casi 200 minutos en el Congreso Nacional. Pronunció 23.280 palabras, con abundantes –y por momentos extenuantes– referencias a los logros del período 2003-2011, que compartió con Néstor Kirchner. Por momentos lució como una estadista al plantear temas que van más allá de su mandato y trascenderán a las actuales generaciones. Tienen que ver con enarbolar "una causa común" en torno a las Islas Malvinas, más allá de la zigzagueante diplomacia actual y de la del menemismo, y con la necesidad de unificar los códigos Civil y Comercial para incluir nuevas figuras de la vida en sociedad y en los negocios. Por momentos se mostró como una militante furiosa cuando maltrató al actual jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, y fustigó a la oposición y a los medios de comunicación, aunque previamente había dicho que había llegado con el ánimo de "no pelearse con nadie". Y por momentos le quitó solemnidad al acto al narrar confidencias y anécdotas de la vida en el Palacio. Su equilibrio emotivo se quebró en cuatro ocasiones tras recordar a su difunto esposo y al relatar las enormes dificultades que debe sortear para llevar adelante sus proyectos. Esta es una queja común que expresan desde Barack Obama hasta el más ignoto mandatario africano. Lo de fondo. Dejó varias señales. A saber: La política de subsidios a los ferrocarriles, pese al mal uso de esos fondos en el Sarmiento que provocó una tragedia evitable, se mantendrá. No hay ideas de fondo sobre cómo revertir la decadencia de los ferrocarriles desde su nacionalización (1949). Habrá más exigencias a las petroleras para elevar su producción. No explicó en qué consistirán. Sólo un llamado personal del rey de España frenó la intervención a YPF, una de las empresas mimadas por el kirchnerismo apenas meses atrás. El Gobierno avanzará en el uso de las reservas del Banco Central. Cristina Kirchner ya no disimula que las otras "cajas" del Estado (Anses y el crédito intra sector público) son insuficientes para financiar el déficit que en 2011 alcanzó a 30.662,9 millones de pesos. Este año, el superávit comercial –que se calcula en unos 10 mil millones de dólares– irá a pagar las importaciones de energía. Además, hay compromisos de deuda por unos 12 mil millones de dólares. Con el crédito externo cerrado, la alternativa sigue siendo acudir al Banco Central. Martín Redrado, quien fue expulsado en medio de la pelea sobre el correcto uso de las reservas, lo puso negro sobre blanco: "Se acabaron las reservas de libre disponibilidad; ahora van por todas las reservas". Es cierto que el rol de los bancos centrales ha sido modificado en un mundo en crisis, pero más allá de regular el sistema financiero (bancos, créditos y tasas), el verdadero objetivo del proyecto de reforma de la carta orgánica apunta a quedarse con más dólares para financiar los planes del kirchnerismo.Conclusión: habrá más inflación, ya que el Banco Central emitirá más pesos para comprar los dólares que necesita el Gobierno, y éste le entregará un "paga-Dios". Los institutos privados proyectan una suba de precios de entre 23 y 25 por ciento para este año.La lucha contra la inflación y el aumento de la inseguridad y del tráfico de drogas, que por otra parte generan costos indirectos no figuraron en las más de 23 mil palabras. Salarios. El otro tema dominante es la discusión en el período marzo-mayo del 60 por ciento de los convenios laborales, entre ellos los de los grandes gremios industriales, cuyo básico se incrementó 1.063 por ciento desde 2002, según la Unión Industrial Argentina (UIA). Las comisiones internas (delegados de base) les ponen a las discusiones un piso del 25 por ciento. Los reclamos desbordan a las conducciones formales de los gremios. Daniel Funes de Rioja, titular de la Copal (Alimentos) y directivo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), lo puso en estos términos en Córdoba: "Hay un conflicto generacional (los delegados son más jóvenes que los caciques gremiales), además de que para ellos la hiperinflación (1989) es una referencia muy lejana.

No tienen idea del impacto en la economía cuando el incremento no va acompañado de un aumento de la productividad. Además, está la cultura de que no les importa perder el empleo". Abogados locales admiten que la litigiosidad laboral se incrementó en los últimos meses. El difícil 2012 sigue sumando temas a la agenda.