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Seamos cautos, no apocalípticos

Hay niños que prefieren quedarse siempre en casa frente a la computadora en vez de jugar con amigos, y apenas intercambian palabra con padres o hermanos, con el riesgo de contraer autismo cibernético. Ana Rozenbaum.

29 de enero de 2012 a las 12:02 a. m.
Ana Rozenbaum (Médica psicoanalista)
Seamos cautos, no apocalípticos

Diferentes opiniones y sugerencias surgen ante los cambios epocales y sus efectos en los niños y adolescentes, algunas más realistas y otras más idealistas. Frente a todas estas cuestiones seamos cautos, no apocalípticos. Reconozcamos que nos suscita serios interrogantes la estructura psíquica del niño y del adolescente en la cultura actual, lo cual plantea una necesaria meditación, ya que a menudo el progreso cobra alto precio por los favores que concede, como también tiene serias contraindicaciones. Y es indudable que algunas de las novedades fundadas y alentadas por el mito del progreso indefinido no han de conducir a los paraísos soñados. Nos preocupan los peligros que fueron surgiendo en las grandes ciudades, que llevan a un cierto encierro difícil de cuestionar. Nos preocupa mucho la pérdida de contacto con la naturaleza en la que se vive actualmente. Nos preocupa la estancia en los grandes centros comerciales, como una invitación continuada al consumo. Y en particular, la televisión omnipotente y las redes de computadoras atrapantes, que ponen a disposición de los niños recursos que no siempre están en condiciones de utilizar convenientemente. Frente a todo ello, los padres se debaten en cuanto a cuál es la manera más adecuada de criar a sus hijos, dudando entre concederles una abundancia de libertad, o bien caer en un exceso de sobreprotección.Los psicoanalistas de niños advertimos la importancia y el papel transformador de la comunicación en la sociedad, pero también sentimos cierta inquietud por las modalidades de su aplicación, aunque debemos reconocer que constituyen para los niños de hoy, de ayer y de siempre, "verdaderos objetos" de afecto. Se trata, por otro lado, de una oferta permanente de representaciones que alimentan y que pueden servir para ligar en el niño el mundo pulsional con el representacional. Pero nos preguntamos si estas innovaciones provocarán cambios en la forma de percibir, de sentir o de aprender.Un alto porcentaje de niños es enfrentado con el aparato de televisión casi desde su nacimiento y hasta se lo suele usar como niñera.Hay niños que prefieren quedarse siempre en casa frente a la computadora, en vez de jugar con amigos, y apenas intercambian palabra con padres o hermanos, con el riesgo de contraer autismo cibernético. Estar constantemente con el celular en la mano implica que la comunicación familiar se vuelva imposible. Frente al interrogante de si existe una relación inversa entre el potencial creativo y la capacidad de jugar, en relación a la cantidad de horas dedicadas a estas cuestiones, la respuesta sólo puede ser afirmativa, y además hasta puede conducir a la pérdida de la capacidad de jugar. Hay niños para los cuales dejar de estar encerrados sería reconocer una carencia, una tristeza, una depresión. Estos niños nos preocupan. Si bien todo depende de la situación sociofamiliar en la que vive, de la educación que recibe y las disposiciones psicológicas del momento, reconozcamos que el contexto histórico social puede hacer aparecer como anhelo individual aquello que es condición de la cultura. Los condicionamientos suelen ser tan poderosos que se hace difícil distinguir entre los elementos psíquicos singulares y los elementos aportados por una época, propiciatoria de determinadas configuraciones subjetivas y no de otras.Coincido en que no hay receta ideal, y se hace necesario para los padres tratar de buscar un equilibrio entre libertad y protección.¡Ojalá todos llevemos adentro un niño curioso, un joven investigador, un lector que recorre géneros literarios en busca de otros mundos y un amante de la naturaleza, privilegiando nuestras vidas imaginativas!