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Rutas argentinas: un viaje de final abierto

Si el director de cine Andrey Zvyagintsev conociera las rutas y los conductores argentinos, seguramente saldría una cinta capaz de superar el impacto que tuvo con El regreso , su ópera prima. Germán Negro.

15 de enero de 2012 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Rutas argentinas: un viaje de final abierto

Si el gran director de cine ruso Andrey Zvyagintsev conociera las rutas y los conductores argentinos, de su ojo seguramente saldría una cinta capaz de superar el impacto que tuvo con El regreso, su ópera prima y a la vez consagratoria road movie , enmarcada en un contexto de carreteras que transitan por paisajes tan impactantes como desconocidos para nosotros. Emprender un viaje por las rutas argentinas –especialmente cuando las vacaciones llevan al camino a millones de automóviles abordados por familias que buscan descansar en una playa atlántica o en un valle serrano, por citar dos alternativas de turismo– es una gran película. Pero con un final que nunca termina de cerrarse. En este caso, la road movie tiene un sentido de narración trágico y su poesía conlleva dolor y una profunda impotencia frente a los fotogramas que se van creando a medida que se desandan los kilómetros de asfalto.Desde el último jueves, miles de internautas argentinos y de todo el mundo vieron la filmación realizada por un policía que viajaba por la ruta 11 –en territorio bonaerense–, convertido en un impensado director de esta permanente película de las rutas argentinas. El policía captó durante un largo rato la escena de un conductor ebrio, a bordo de una camioneta disparada hacia una desgracia, mientras él y sus acompañantes imploraban con llamados telefónicos para que alguien lograra detenerlo.Sin control, sólo restaba conocer quién tomaría el papel de Santiago Nasar porque, como en Crónica de una muerte anunciada, el final de una vida aparecía en el centro del argumento. Esta vez le tocó a Carlos Alberto Díaz, de 30 años, quien no pudo evitar la colisión contra la camioneta suicida y el vuelco fatal de su Palio.Según la asociación civil Luchemos por la Vida, en 2011 la inseguridad vial causó 7.517 muertes en la Argentina (cerca de 500 en Córdoba), con un escalofriante promedio diario de 21 decesos por día en las rutas y calles de todo el país. Aunque parezcan fríos e insípidos, detrás de cada número hay sueños, amores, objetivos, nada menos que una historia humana.No parece fácil encontrarle otro destino a esta sucesión de fotogramas de carretera, pero seguramente que una vía concreta es la de considerar definitivamente a la inseguridad vial como un tema de Estado y actuar en consecuencia. Por ahora, ese encuadre sólo quedó en los discursos.Ello implicará, entre otros aspectos, que al incremento necesario de los controles de vehículos y conductores, se les incorpore como práctica habitual una educación vial seria y a conciencia, además de la urgente construcción de rutas o autopistas acordes al siglo 21. Recién entonces se plantaría el mojón para avanzar hacia un horizonte más optimista.