Platos rotos
El impacto de la crisis europea sobre la economía local aún no se puede medir, pero afectará la tasa de financiamiento y las ventas externas. Juan Turello.
En Grecia, bailar y romper los platos es sinónimo de alegría y de bienvenida al que visita una casa o en una celebración. Pero la fiesta terminó y ahora hay que pagar los platos rotos de las últimas dos décadas, en las cuales las autoridades falsearon las estadísticas para que el país -que dio nacimiento a la cultura de Occidente-, pasara a formar parte de la élite europea. Ya socios del club, todos gastaron más de la cuenta: el sector público, las empresas y las familias.
¿Cómo hacer ahora el ajuste por 30 mil millones de euros en tres años, que le permitiría a Grecia recibir 110 mil millones por parte del Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI)? No hay una fórmula segura, pero está claro que los empleados públicos y jubilados helenos perderán el sueldo número 14 que cobraban todos los años, además de los salarios mensuales y los dos aguinaldos, que conforman 13 haberes. Además, los impuestos serán más caros.
Aun así, el "efecto derrame" puede golpear a los países llamados despectivamente pigs (cerdos, por las iniciales en inglés de sus nombres: Portugal, Irlanda-Italia, Grecia y España).
Desconfianza es la palabra que hoy lo resume todo: hacia el gobierno de Atenas, si podrá llevar adelante el ajuste; hacia los otros países, si podrán honrar sus voluminosas deudas y hacia los bancos, si podrán devolver los ahorros a partir de que son acreedores de bonos emitidos por los estados europeos (tienen 2.800 millones de dólares en esos papeles) y de los particulares, quienes, a su vez, no se sabe si podrán pagar sus créditos.
El euro es como una camisa de fuerza para los más comprometidos: no pueden emitir para financiar sus déficits, por lo que se endeudan a tasas cada vez más caras, lo que torna impagables las obligaciones. Sus economías no son competitivas, pero no pueden devaluar para vender más y así volver al crecimiento que les permitiría cancelar sus deudas. La situación es muy parecida a la que vivió la Argentina en 2001 hacia fines de la convertibilidad.
Joseph Stiglitz , un premio Nobel crítico de las recetas del FMI, ya advirtió que la crisis podría fracturar al euro (algunos países se verían obligados a abandonarlo y resucitar su propia moneda). Su par y también premio Nobel Paul Krugman duda ahora de la solidez de la moneda única, tras haberla defendido.
La única certeza es que la crisis está en evolución, Europa tardará un tiempo en recuperarse y su real impacto sobre la economía global aún es incierto, aunque lo habrá.
¿Y por casa?
La pregunta que sigue es cómo impactará en la Argentina. La mayoría de los analistas, incluido Carlos Escalera, agente bursátil y ex titular de la Bolsa de Comercio de Córdoba, sostiene que por ahora no afecta el éxito del segundo canje de deuda del Gobierno argentino. La aceptación estará por encima del 75 por ciento, señala. Como contrapartida reconoce que el temor mundial le jugará en contra a la administración de Cristina Kirchner y a los gobiernos provinciales, a los que les resultará difícil conseguir financiamiento a un dígito. "La tasa estará por encima del 10 por ciento, y dos o tres puntos más para las provincias", apunta Escalera.
El 20 por ciento del comercio exterior argentino termina en los puertos europeos. Aún es temprano para saber qué sucederá. Para el ex ministro Roberto Lavagna más que Europa, el país debe poner sus ojos en resolver la crisis con China, el mayor comprador de granos y aceites.
Las principales empresas de servicios de la Argentina están en manos de capitales españoles e italianos. ¿Las casas matrices mantendrán las inversiones o preferirán vender para conjugar las pérdidas que sufren en sus países? ¿Son rentables esas inversiones? Éste es, sin dudas, el flanco más interesante de la crisis en un contexto en el que a Cristina y Néstor Kirchner no les disgusta que el Estado siga avanzando sobre los negocios privados.
!Ay los precios! Aunque la Presidenta pretenda diferenciarse del severo ajuste que deberán encarar Grecia y otros países, en la Argentina el desacople entre una demanda agregada que creció 310 por ciento desde la crisis de 2001, mientras que la oferta lo hizo sólo 36 por ciento, se paga con inflación.
Para Lavagna, los 144 pesos que reciben los beneficiarios del Plan Hijos (los otros 36 pesos se acreditan contra entrega de certificados de escolaridad y salud) perdieron la mitad del poder de compra desde diciembre. Así, el ajuste golpea a los que están más abajo en la pirámide social.
Aquel agregado -supone unos 500 millones de pesos que se vuelcan mensualmente al mercado-, el aumento de personal y de horas trabajadas en la industria automotriz y los resultados de la cosecha de granos empujaron el consumo masivo que creció 4,5 por ciento en volumen el primer cuatrimestre.
"La inflación genera enojo en el consumidor, pero al mismo tiempo siente que tiene empleo y puede consumir", apunta Guillermo Olivetto, titular de la Asociación Argentina de Marketing.
¿Hasta cuándo aguantará este esquema? Jorge Colina, economista-jefe del centro de estudios Idesa, lo pone negro sobre blanco: "Aunque el riesgo del impacto de la crisis externa sea mucho más bajo, no implica que los desequilibrios macroeconómicos puedan ser sostenidos indefinidamente".
¿También habrá platos rotos para la Argentina?

