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Mitómanos

Los argentinos somos mitómanos. Todo lo mitificamos, todo termina convertido en un relato maravilloso que interpreta nuestro origen y nuestro destino, los grandes acontecimientos de nuestra historia, las particulares cualidades que distinguen a nuestros héroes. Rogelio Demarchi.

09 de diciembre de 2012 a las 12:03 a. m.
Mitómanos

Los argentinos somos mitómanos. Todo lo mitificamos, todo termina convertido en un relato maravilloso que interpreta nuestro origen y nuestro destino, los grandes acontecimientos de nuestra historia, las particulares cualidades que distinguen a nuestros héroes. La mitomanía es un problema. Grave, muy grave. Alejandro Grimson, autor de Mitomanías argentinas. Cómo hablamos de nosotros mismos (Siglo XXI, 2012), sostiene que la densa red de mitos en la que vivimos tiene la forma de un laberinto del que no podemos salir, y esos mitos nos hablan cada vez que nosotros pensamos que estamos hablando de la realidad. "Los mitos que construimos acerca de nosotros mismos son una calamidad que debemos enfrentar y desmantelar. Son las mentiras sobre las cuales se sostiene la cultura argentina, una de cuyas dimensiones es nuestra cultura política".Por ejemplo, si somos mundialmente famosos por nuestra soberbia, es porque tendemos a pensar que somos los mejores del mundo; y si nos va mal, es por una conspiración (alguien tiene la culpa), porque los que nos gobiernan o nos han gobernado son unos traidores que han jugado a favor de los intereses extranjeros, que no quieren que ocupemos el lugar de privilegio para el cual estamos destinados. Y, en el otro extremo, si pensamos que nos va muy mal, nuestra soberbia aspira a que seamos los peores del mundo, los que tenemos el peor gobierno, o tuvimos la peor dictadura, o somos dirigidos por la peor dirigencia política. De un extremo al otro. Sí, vamos de un extremo al otro, y, en cada vaivén, modificamos radicalmente la evaluación que hacemos del resto del mundo: "Los otros, que en la mitología patriotera eran deleznables y subdesarrollados, se convierten, en la mitología decadentista, en ejemplos que deberíamos imitar y de los cuales sólo podemos observar sus aspectos positivos". Ahí está lo que solemos decir de Brasil: si hablamos de la Argentina Potencia, es un país de negros donde todo el año es carnaval; si hablamos de nuestra decadencia, Brasil es el modelo por seguir, un país que siempre tuvo claros sus intereses y elige a sus dirigentes en función del patriotismo que expresan.Siempre tenemos a mano, entonces, un mito y su contrario. Perón es un facho, y todo el que critique al peronismo es gorila. Si los políticos dialogan, transan; si no dialogan, son autoritarios. Y en los días que nos toca vivir, se multiplican los mitos sobre los medios, un tema que ilumina a la perfección cómo funciona esta trama de relatos: "Tienen todo el poder, carecen de poder; los consumidores son libres, los ciudadanos son estupidizados; cada vez hay más concentración de la información, cada vez hay más desconcentración. Todo puede decirse y, de hecho, se dice. Con el tema de los medios, uno va transitando por mitolandia, saltando de un mito a otro".Hay una opción, por supuesto. Salir del "o-blanco-o-negro" y entrar en el juego del gris, para destacar los matices, "toda la gama de posibilidades que se abren entre esos dos polos". El premio, si nos animamos a hacerlo, será descubrir quiénes somos. Y curarnos, de paso.

En Mitomanías argentinas. Cómo hablamos de nosotros mismos (Siglo XXI, 2012), Alejandro Grimson analiza el por qué de nuestra costumbre de mitificar.