A las banderas hay que sostenerlas con ideas
No es posible sostener tomas de escuelas por tiempo indeterminado; menos aún si los argumentos se fueron diluyendo con el correr de los días. Mariana Otero.
Para mantener la bandera a favor de una educación pública, laica y gratuita, no hay que bastardearla. Eso parecen decir hoy los estudiantes que de a poco van deponiendo la toma de las escuelas. El discurso legítimo a favor de una escuela para todos, hoy no admite discusión. La cuestión es cómo garantizarla. De esto estamos hablando en Córdoba desde hace 15 días. Si algo hemos aprendido, es que los chicos sueñan con aulas en condiciones, promesas cumplidas, leyes pluralistas, mentes abiertas, palabras firmes y convicciones. Es el espíritu de la mayoría. ¿No lo sabíamos? ¿O no los escuchábamos? Como ya se dijo en estas páginas, la movilización estudiantil nos habla de frustraciones acumuladas, de sectores que se sienten marginados, de políticas públicas demoradas, de burocracia, de falta de conducción en algunas escuelas, de autoritarismo y de inexplicables persecuciones a quienes piensan distinto. Previsible o no, fue un estallido con efecto aleccionador.Los chicos, y muchos grandes, están contentos con sus logros. Pero los cuerpos y los ánimos empiezan a decaer. No es posible sostener tomas de escuelas por tiempo indeterminado; menos aún si los argumentos se han diluido con el correr de los días. Hubo reclamos y hubo respuestas, a tiempo o a destiempo. Ahora hay que reconstruir lo perdido y preguntarse por qué algunos reclaman por sus derechos y otros se mantienen pasivos ante la violación de los propios. El levantamiento de la toma del Belgrano puede ser una bisagra para la resolución de conflictos en otras escuelas. Los estudiantes del "ala dura", alineados con los universitarios, no lo admitían anoche, aunque tampoco explicaban su postura hacia adelante. Siguen proclamando la educación pública, laica y gratuita, pero con el riesgo de vaciarla de contenido. Mantienen una postura intransigente del "todo o nada", ignorando que la lucha activa tiene un tiempo y un lugar. Es un momento que debe reinventarse para que siga siendo creíble.

