La alianza de los adultos
Necesitamos reconstruir la alianza de los adultos. Hay que dejar de cuestionar todos los límites, siempre. Gustavo Iaies.
Estamos en una sociedad en la que entre los 15 y los 60 años, todos queremos tener 20. "No queremos ser grandes", necesitamos vernos innovadores, creativos, jóvenes. Parece difícil organizar una sociedad con todos "de 20", porque hace falta "alguno" que haga de ley, de límite, de orden, "de malo".Entre los papás que trataban a los hijos "de usted" y los que quieren ser sus "amigos", están aquellos capaces de dialogar, desde el lugar de "distintos" que contienen, guían, garantizan. Entre los docentes que nos dejaban "de plantón" en el patio y los que no logran poner un límite, están los que pueden acercarse, dialogar, proponer desafíos, sin dejar de ser los garantes del orden y el aprendizaje. Tenemos que asumir que aun "siendo" jóvenes, debemos ser adultos. No podemos seguir identificándonos con los chicos transgresores que fuimos, más que con los adultos responsables que debemos ser. No estamos educando a los chicos como queremos, sino como podemos. Negociamos con ellos pautas, horarios, cantidades... hasta que nos agotan y decimos "hacé lo que quieras". Y cuando hacen lo que quieren, nadie los "controla" y "se pasan" de alcohol, horarios, respeto por los demás, tipo de relaciones, cuidado de ellos mismos. Y se hacen daño.Los chicos que tomaron las escuelas en Buenos Aires y Córdoba se perjudicaron a ellos mismos y nos costó ponerles un límite, sacarlos de allí después de un tiempo razonable, llevarlos donde estén mejor. Perdieron posibilidades de aprender y rutinas de trabajo, tan difíciles de construir.¿Plantearon disparates? En general no, tenían razón en exigir condiciones para estudiar. Ahora, mientras buscamos los modos de garantizarles esas condiciones, no podemos dejarlos que hagan cualquier cosa, que protesten de cualquier modo, porque ahí aparece el "hacé lo quieras",y se hacen daño.¿Cómo reconstruimos la autoridad que nos permita cuidarlos? Asumiendo que no somos iguales, y eso es lo mejor para ellos, unos "distintos" capaces de contenerlos, ordenarlos, encuadrarlos. Este cambio es un trabajo constante, no hagamos de cada tema un campo de negociación. No pasa nada si alguna vez "es así porque nosotros decidimos que es así".Luego, necesitamos reconstruir la alianza de los adultos, los padres deben dejar de cuestionar los límites de los docentes, las madres los de los padres, los ciudadanos los del ministro, los tíos los de sus hermanos. Necesitamos un poco de "piedad", aceptando que "todos" estamos luchando para recuperar la autoridad.El problema de los chicos no es que los adultos seamos duros o blandos, lo que no nos perdonan es el abandono, la ausencia.El ministro de Educación de Córdoba decidió que los chicos deberán recuperar los aprendizajes perdidos, el de Buenos Aires los días de clase. No sabemos si han elegido el mejor camino, pero han decidido uno, que de acuerdo a su criterio protege el aprendizaje y el futuro de los alumnos.No ayudamos a los chicos si entramos en una "guerra" de adultos discutiendo la salida "ideal", como cuando sus padres se pelean entre ellos para fijarles un límite, cuando sus maestros los sancionan y sus padres los defienden. Debemos reconstruir la alianza de los adultos para cuidarlos, porque sin referencias, aunque sea para transgredirlas, es muy difícil crecer.
