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Incorporar méritos, no azar a la educación

Hay que mejorar el sistema educativo público. Jorge Colina.

07 de agosto de 2011 a las 12:02 a. m.
Jorge Colina (Economista de Idesa)
Incorporar méritos, no azar a la educación

El Colegio Manuel Belgrano ha tenido tradicionalmente muchos más aspirantes a ingresar que vacantes disponibles. Esto responde a que es percibido como una alternativa para acceder a una formación de calidad de manera gratuita. Resulta alentador que muchas familias sigan pensando que vale la pena el esfuerzo por conseguir una mejor educación. Para entrar a este colegio se estipula un examen de ingreso. Sin embargo, como los chicos de las familias de más pobres llegan al examen en desventaja, encuentran severos problemas para poder superarlo. Esto, en cierta forma, explicita el fracaso del sistema educativo público como mecanismo de movilidad social dado que, a pesar de ser el principal componente del gasto público provincial, los resultados son tan malos que los chicos más humildes, a temprana edad, no tienen conocimientos suficientes para proseguir en la secundaria una educación de calidad. Frente a esta realidad, entonces, aparece la idea de cambiar el examen por un sorteo. Es decir, ante el fracaso de no poder impartir una educación pública de calidad en la primaria para los niños de los hogares más pobres, no se intenta corregir el problema, sino "igualar para abajo": que sea el azar, y no el esfuerzo el que determine la selección. A la injusta regla prevaleciente donde los docentes que se capacitan, se esfuerzan y se comprometen con la formación cobran lo mismo (o menos) que los que eluden sus responsabilidades, ahora se suma la sustitución de un mecanismo de selección basado en el mérito por otro basado en la suerte, para los alumnos. O sea, se apuesta a más mediocridad. Este problema debería ser la oportunidad para concientizar y empezar a revertir el deterioro de la calidad en la educación pública. En la transición, se debería ofrecer a los chicos que provienen de las familias más humildes un curso de nivelación de conocimientos para poder superar el examen. Esto sería una genuina y eficaz acción a favor de la equidad, la calidad y la excelencia. El punto es que revertir las reglas de mediocridad y estructurar cursos de nivelación es una tarea que requiere un gran esfuerzo técnico y político, y mucha responsabilidad. En cambio, organizar un sorteo es más fácil y menos antipático. Pero es también el camino más seguro a profundizar el fracaso educativo.La campaña electoral tiene como dato positivo que la educación ocupa un lugar central en los discursos. Queda pendiente explicitar los instrumentos, porque se sigue obviando la importancia de establecer reglas e incentivos que estimulen el esfuerzo en la enseñanza y el estudio, el compromiso con los resultados y la preocupación por la calidad de la educación de los niños de las familias de menores ingresos.