Hay que salvar la Asignación por Hijo
Las ventajas de este tipo de ayudas no se ven por problemas de gestión. Alejandra Torres.
Frente a una larga tradición de planes asistenciales contaminados por clientelismo, burocracia y corrupción, la Asignación Universal por Hijo (AUH) acaparó amplios consensos políticos y fundados respaldos técnicos. Operan como avales muchos estudios que demuestran las ventajas de los programas de transferencias monetarias condicionadas. La clave radica en que no se limitan a dar asistencia monetaria al hogar en estado de vulnerabilidad sino que, al inducir la inversión en educación y salud de los hijos, se generan las condiciones para que ellos no reproduzcan la experiencia de los padres. Sin embargo, en la Argentina se multiplican los indicios de que la AUH no está logrando los resultados esperados. Probablemente, el error más importante sea la idea de que el gran cambio que introduce la AUH respecto a los planes asistenciales tradicionales es que, como el cálculo del monto de la prestación es en función de la cantidad de hijos, el dinero es automáticamente gastado en favor de ellos. Así, se ignora que la innovación más relevante en este tipo de programas es usar la asistencia monetaria como "excusa" para monitorear el rendimiento de los hijos en la escuela y el cumplimiento de los controles de salud. La práctica está demostrando que esta meta no es factible de alcanzar a través de una libreta de papel que la Anses revisa en base a controles burocráticos y con una periodicidad poco oportuna. Un factor clave para explicar las fallas es la incoherencia de pretender que la Anses, un organismo nacional especializado en administrar prestaciones previsionales, controle la salud y la educación, que son gestionadas por las provincias. Supuestamente, la libreta sería el instrumento articulador, pero prevalece su grosera obsolescencia. Por eso los controles se reducen a meros trámites administrativos y la AUH opera de manera no muy diferente del asistencialismo tradicional, como fueron el Plan Jefe y el Programa Trabajar.Para salvar la AUH y no generar otra nueva frustración hay que cambiar la gestión. El punto central es establecer un mecanismo más moderno de seguimiento de los hogares de manera que, cuando una familia no cumpla con las condicionalidades, el Estado no se resigne a "castigarla" suspendiendo el pago del beneficio sino que, a través de un seguimiento más cercano e inmediato, intervenga preventivamente.En la era de la informática y las telecomunicaciones hay formas mucho más eficientes de verificar la asistencia escolar y la visita al control médico que apelar al rudimentario mecanismo de la libreta.También habría que asumir, si se quiere salvar a la AUH, que en un país federal son las provincias y no la Anses las que deberían administrar el programa.
*Directora ejecutiva de Idesa

