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Guerra de monedas: ¿aprendimos de la Gran Depresión?

Si el objetivo de la política es sostener la recuperación de la economía global, el escenario de “guerra de monedas” debe virar a otro donde la coordinación de políticas sea el eje. Federico Furiase.

10 de febrero de 2013 a las 12:03 a. m.
Federico Furiase*
Guerra de monedas: ¿aprendimos de la Gran Depresión?

De Estados Unidos a Japón, pasando por Inglaterra, la emisión de dinero por parte de los Bancos Centrales se ha convertido en la regla de política a seguir en pos de maximizar el crecimiento económico. Frente a este contexto global de "guerra de monedas" las voces de alerta desde la política no se hicieron esperar, en un mundo donde la retórica del presidente de Francia, François Hollande, puso el énfasis sobre el impacto de la apreciación del euro sobre la competitividad de las economías de la periferia europea. Desde el punto de vista de una economía individual, el aumento de la liquidez frente al estancamiento del crédito intenta reactivar la recuperación económica a través de tres canales.En primer lugar, la devaluación de la moneda para incentivar el crecimiento de las exportaciones (venta al resto del mundo) junto con la sustitución de importaciones (compras desde el resto del mundo).En segundo lugar, la caída de las tasas de interés, para promover la inversión y el consumo, facilitando al mismo tiempo el financiamiento a tasas bajas del sector público.Por último, el aumento de las expectativas inflacionarias, para licuar el peso de las deudas nominadas en moneda local.Sin ir más lejos, esta es la política que encararon las economías desarrolladas con margen de política monetaria –Estados Unidos, Inglaterra y, más recientemente, Japón– tras la implosión de la crisis financiera en septiembre de 2008, en un contexto donde el canal del crédito se encuentra obstruido por el proceso de desendeudamiento de los hogares. Sin embargo, los efectos de la "guerra de monedas" sobre la macroeconomía global no son los mismos. En las regiones emergentes, la tendencia a la apreciación de las divisas –gatillada por la emisión de dinero en el mundo desarrollado– pone en jaque la capacidad de estas economías para combatir, simultáneamente, las presiones inflacionarias y la pérdida de competitividad asociada a la devaluación del dólar en el mundo. Mientras tanto, en la periferia europea, que no controla el grifo de la política monetaria (España, Italia, Grecia), el fortalecimiento del euro de los últimos meses no es bienvenido en un contexto donde la recuperación de las exportaciones ha venido amortiguando la caída del gasto privado.En fin, si finalmente el objetivo último de la política consiste en sostener la recuperación de la economía global, el escenario de "guerra de monedas" debe virar a uno donde la coordinación de políticas sea el eje principal de una estrategia de salida. De lo contrario, será demasiado alto el precio que habrá pagado la economía mundial por no haber aprendido de los errores cometidos durante la Gran Depresión de los años '30.

*Economista de Estudio Bein & Asociados.