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Francisco es Jorge

En El verdadero poder es el servicio (Ediciones Claretianas, 2007), Jorge Bergoglio desarrolla la idea que se ha convertido en el lema de su pontificado. Allí se autodefine como un catequista. Rogelio Demarchi.

24 de marzo de 2013 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (Especial)
Francisco es Jorge

El cambio de nombre, según su hermana, no lo ha afectado: "Gracias a Dios, Francisco sigue siendo Jorge". Hay una forma bastante efectiva de demostrarlo: leer los libros de Bergoglio, porque el Papa está diciendo exactamente lo que afirmó el cardenal hace algunos años. De su homilía en la misa de consagración de su papado, todos los medios pusieron el acento en el mismo fragmento: "El verdadero poder es el servicio", dijo, sentencia que lo incluye, ya que el Papa "debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de San José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios", porque "sólo el que sirve con amor sabe custodiar". José, recordemos, no comprende el misterio que le plantea María, pero la acompaña y la cuida fielmente. De ese modo, José sirve al proyecto de Dios.Uno de los libros más importantes de Bergoglio se titula El verdadero poder es el servicio (Ediciones Claretianas, 2007), un interesante conjunto de textos que toman la forma de homilías, de intervenciones pastorales en diferentes problemáticas culturales, y de mensajes a los catequistas de su arzobispado. Allí se define como un catequista, esto es, "un servidor de la Palabra" que "se deja educar por ella y en ella tiene la serena confianza de una fecundidad que excede sus fuerzas". El catequista es un testigo que transmite fe, que es lo que necesita el mundo actual, marcado por una preocupante falta de credibilidad. "Nuestro pueblo está cansado de palabras: no necesita tantos maestros, sino testigos". El testigo "es aquel que habiendo visto algo, lo quiere contar, narrar, comunicar". Podría decirse que ese es el motor, para Bergoglio, de la vida cristiana, lo que debe poner a caminar (otra idea que ha sido formulada por Francisco) a todo cristiano que haya recibido la Buena Noticia para transmitirla. Por eso, le gusta tanto la máxima de Santa Teresita: la misión del cristiano es "amarlo (se refiere a Jesús) y hacerlo amar", ya que, como dijo el evangelista Juan en su primera carta, "Él nos amó primero". En ese contexto, en varios de estos artículos Bergoglio discute la noción de poder en relación con el concepto de autoridad. Por un lado, considera que cuando se asocia el poder con la autoridad se cae en una idolatría. Por el otro, señala que la identificación de la autoridad con el poder es errónea, ya que la etimología del término autoridad remite a "el que nutre y hace crecer". El cristiano, entonces, debe obrar como el buen samaritano, que sirve al herido que encuentra en su camino sin medir los riesgos ni los costos. Así, servir es compromiso –hacer algo por los otros y para los otros–, cuestión que también destacó el cardenal. El samaritano se puso el herido al hombro, según Bergoglio, quien tituló Ponerse la patria al hombro (Ediciones Claretianas, 2005) a otro de sus libros.Por todo ello, volver a Jorge es una buena manera de entender a Francisco. Al fin y al cabo, sus hermanos cardenales convirtieron a Jorge, por su testimonio, en Francisco.