Desafío: que prime el interés colectivo
Una de las formas de seducir al expasajero sería hacer que el auto fuera carísimo. Pero hay usuarios para quienes eso no es ningún desaliento. Laura González.
La ciudad tiene que convencer a sus habitantes de que es más negocio usar el transporte público que el auto particular. La tarea no es fácil: hoy viaja en colectivos apenas el 60 por ciento de los usuarios de 1993, año de oro del sistema. Desde 2008 a esta parte, 14 pasajeros por día abandonan el colectivo y se pasan al auto o a la moto. ¿La consecuencia? Caos de tránsito, agravado por la falta de controles. No hay quita de puntos de la licencia, no hay fotomultas para quien cruza un semáforo en rojo y las chances de encontrar un inspector que aplique una multa son casi nulas.
Una de las formas de seducir al expasajero sería hacer que el auto fuera carísimo. Pero hay usuarios para quienes eso no es ningún desaliento.
Una forma natural sería mejorar la prestación de aquello que el usuario abandonó. El factor tiempo pesa. El colectivo tiene que garantizar que llegará rápido a destino, que ofrecerá unidades limpias y seguras y que cumple a rajatabla con las frecuencias. Si cumple eso y, encima, es más barato, tiene las de ganar.
La gran duda es si el nuevo esquema de transporte que prepara el municipio podrá ofrecer eso. El rediseño incluye vías de “sólo buses” en avenidas. Los modestos delineadores ya entusiasman. Pero, claro, primero están los intereses de los choferes: a cuánto cierra la paritaria y que no se les descuenten los paros.

