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Cuentas fiscales nacionales: ¿pare, siga o precaución?

Hay una clara señal descendente en los resultados fiscales del estado nacional. Ariel A. Barraud.

05 de febrero de 2012 a las 12:02 a. m.
Ariel A. Barraud (Economista del Iaraf)
Cuentas fiscales nacionales: ¿pare, siga o precaución?

Frente a los datos de las cuentas públicas es posible que los ciudadanos queden en una situación asimilable a la vivida por los automovilistas de la ciudad de Córdoba cuando se enfrentan a semáforos cuyas tres luces están encendidas simultáneamente. El Gobierno nacional anunció los principales números fiscales de 2011. Sobre ellos se puede tener distintas visiones: el año pasado hubo un superávit de 4.919 millones de pesos teniendo en cuenta el resultado primario, pero un déficit de 30.663 millones de pesos si se considera el resultado fiscal. La confusión para quien no sigue de cerca este tipo de información resulta entonces evidente.

La objetividad indica que no sólo se debieran mirar las distintas definiciones de los resultados fiscales y su cuantía en pesos, sino que su evolución debe ser puesta en contexto. El resultado primario es la diferencia entre los recursos totales ingresados y el total de los gastos, exceptuando los intereses de la deuda pagados en el período.

De manera que el concepto fiscal primario cobra sentido para medir la parte del resultado sobre la cual se puede ejercer control directo, ya que el pago de intereses de deuda sería, en buena medida, un gasto condicionado por decisiones de endeudamiento pasadas, y por la evolución de variables económicas clave, como la inflación y, particularmente en el caso actual, el nivel de actividad ante la existencia de títulos de deuda atados al crecimiento del PIB.El resultado fiscal, sin embargo, es también una medida clave de la hacienda pública, pues es el resultado final del ejercicio que muestra la diferencia entre los ingresos totales y todos los gastos. La existencia de sobrantes o faltantes por este concepto afecta la sostenibilidad fiscal, porque determina la posibilidad de reducir el endeudamiento, o la necesidad de incrementarlo.El superávit primario entre 2004 y 2008 fue en promedio del 3,5 por ciento del PIB. En 2009 el bajo crecimiento de los ingresos frente a los gastos primarios determinó un superávit primario del 1,4 por ciento del PIB, con una leve mejora en 2010 en el que los ingresos subieron más que los gastos y el resultado primario llegó al 1,6 por ciento del PIB.

En 2011, el dato efectivo mostró que el gasto primario aumentó ocho puntos por encima de los ingresos (32,1 versus 24,1 por ciento) por lo que el saldo terminó siendo positivo, aunque del 0,3 por ciento del PIB. Por otro lado, no se puede soslayar la deficiencia de los ingresos para cubrir todos los gastos (incluyendo los intereses) el año pasado, en el que el rojo fue equivalente al 1,6 por ciento del PIB.

Y cuando se analiza la evolución de los resultados fiscales, cabe acotar que lo registrado como ingresos en el rubro rentas de la propiedad (básicamente conformado en los últimos tres años por utilidades del BCRA y rentas del FGS de Anses), resultó de más del 1,5 por ciento del PIB, contribuyendo a mejorar los resultados fiscales. Entramos de esta manera al 2012 con una clara trayectoria descendente en los saldos fiscales, en conjunto con señales mixtas. Por un lado, algunas medidas sugieren la búsqueda de una contención del crecimiento del gasto.

Por otra parte, frente a una previsible desaceleración de la economía, se anuncia que la estrategia de política fiscal será, como en 2009, que el sector público sea el sostén de la actividad interna por el lado de la demanda.

La efectividad con que se lleven a cabo estas acciones y el contexto fiscal y económico en el que se terminen dando, determinará su efecto sobre el resultado fiscal. Si el gasto crece más o menos que los ingresos, y en qué cuantía, será una señal fiscal inequívoca.