Crisis europea: ¿última chance?
Mientras el Banco Central Europeo siga jugando al riesgo moral en medio de la crisis sistémica y Alemania siga imponiendo el ajuste fiscal, las perspectivas de crecimiento no serán alentadoras. Federico Furiase.
Finalmente, tras la expansión de la crisis de la zona euro en un mundo donde los mercados le bajaron el pulgar a la deuda de España e Italia y al financiamiento voluntario de la banca, la política de Europa, bajo el mando de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, firmaron un acuerdo en pos de afianzar la consolidación fiscal de largo plazo. Sin el visto bueno de Inglaterra y con Suecia, Hungría y la República Checa demandando más tiempo para tomar una decisión final, Alemania y Francia, junto a las 21 economías europeas restantes, sellaron un acuerdo inter gubernamental para aumentar la disciplina fiscal a través de un mecanismo de sanciones automáticas y la receta de mayor austeridad fiscal. El objetivo, por cierto, busca mejorar la confianza de los mercados vía la señal de una mayor convergencia fiscal al interior de una zona euro que, hasta ahora, no ha podido resolver la inconsistencia de una unión monetaria con productividades y dinámicas fiscales divergentes entre sus miembros. Más allá del triunfo político de Merkel y Sarkozy en la cuestión de aumentar la integración fiscal frente a la reticencia del gobierno británico, lo cierto es que el acuerdo no alcanza para estabilizar los mercados financieros y minimizar el riesgo sistémico de una zona donde la política sigue yendo por detrás de la corrida del mercado y de las urgencias de un ciclo económico que amenaza con el escenario de "double dip" (estos es, recaída en recesión). Sobre todo, cuando la creación de una línea de liquidez, vía el Fondo Monetario Internacional (FMI) por 200 mil millones de euros, para descomprimir la restricción presupuestaria de una Italia que tiene que refinanciar nada menos que 150 mil millones de euros entre febrero y abril del año próximo, no alcanza para estabilizar los costos de financiamiento. Máxime cuando todavía no hay detalles sobre la extensión de la liquidez del Fondo de Estabilización Europeo y cuando la puesta en marcha del Fondo de Rescate Permanente recién llegaría en junio de 2012. Después de todo, aunque los mercados de Europa reaccionaron con subas en torno al dos por ciento por las señales de una mayor integración fiscal, la tasa de la deuda soberana italiana aumentó en el margen de seis a 6,5 por ciento, aún por debajo del pico de 7,2 por ciento.En este contexto, la postura del Banco Central Europeo (BCE) hacia adelante será crucial para contener la evolución de la crisis sistémica desde el mercado de deuda soberana hacia el interior de los balances de la banca europea. Y si bien el recorte de la tasa de interés de referencia, de 1,25 a uno por ciento, y la apertura de líneas de crédito a tres años a los bancos comerciales ayuda para minimizar la crisis de liquidez sobre el fondeo bancario, la retórica discursiva emitida por el presidente del BCE, Mario Draghi, en torno a que no aumentaría los volúmenes del programa de compra de deuda soberana, no convalidó el entusiasmo que los mercados venían exhibiendo en las últimas semanas.Evidentemente, mientras el BCE siga jugando al riesgo moral en medio de la crisis sistémica y Alemania siga imponiendo la regla del ajuste fiscal de corto plazo en una zona euro donde el sector privado sigue en proceso de desendeudamiento, las perspectivas de crecimiento europeo no serán alentadoras y el riesgo de escenarios con volatilidad financiera estarán siempre a la vuelta de la esquina.
*Analista del Estudio Bein & Asociados

