Córdoba y el sindicalismo
El gremialismo aparece, en términos importantes, cuando comienza la industrialización de la capital provincial. Jorge Sappia.
Hacer un comentario sobre el sindicalismo en Córdoba promueve la necesidad de formular alguna reflexión previa. Es que, en mi opinión, hay un primer elemento que es preciso marcar, aludiendo a lo que se expresa en el título de este análisis. No es posible hablar del sindicalismo en Córdoba, porque es esta ciudad, y no la Provincia, la que enmarca un modo de expresión de la actividad gremial que aparece como propio. En realidad, el movimiento sindical cordobés aparece en términos importantes, cuando comienza la industrialización de nuestra ciudad, con el aporte de la Fábrica Militar de Aviones y más precisamente el de la histórica Dinfia. La radicación de las fábricas automotrices en el fin de la década del '40 y primera mitad de los '50 sienta las bases de una transformación esencial de la economía cordobesa, que migra desde un concepto fundamentalmente agrícola ganadero hacia una integración industrial de magnitud. Sin que por ello la ciudad pierda su impronta universitaria.Plantada en Córdoba la industria, su correlato laboral es la inserción del fenómeno sindical, que se exhibe con ribetes particulares. En 1957, la CGT local, intervenida como todas las organizaciones gremiales por el entonces gobierno militar, recupera su autonomía y es la primera central obrera en elegir sus propios directivos, demostrando su voluntad de emerger y la convicción sobre sus propias posibilidades. Esta irrupción evidencia un rasgo personal, ya que los trabajadores organizados no se nuclean conforme los términos nacionales, sino según una versión local. No hay en Córdoba una sola 62, ni un núcleo de los 32 ni un Mucs, los agrupamientos sindicales nacionales, sino los "legalistas" y los "ortodoxos", dos variantes del sindicalismo peronista, más los independientes. En los primeros asomaron dirigentes como Miguel Azpitia, Atilio López, Fortunato González y Miguel Godoy. En los segundos, Jerónimo Carrasco, J. J. Gómez y Mauricio Labat, entre otros. Y en el restante grupo estaban Juan Malvar y Ahumada, y ya apuntaba Agustín Tosco. Mientras en el nivel central, llámese Buenos Aires y su zona de influencia, el sindicalismo se destacó por su estrategia negociadora, aquí se manifestó a través de una línea dura de exigencias y reivindicaciones, que nunca terminó de acordar con los gobiernos, cualesquiera fueran ellos. Esto no pretende indicar que los gremialistas carecieran de posturas políticas o que renunciaran a ellas, sino que asumieron su condición de líderes sindicales, por encima de los compromisos partidarios, que los tenían. Obviamente el punto más alto de esa forma de conducción fue el Cordobazo, donde tallaron fuertemente Atilio López, Elpidio Torres y, una vez más, Agustín Tosco, de la UTA, el Smata y Luz y Fuerza, respectivamente. Siempre con un matiz diferenciado. Esto en un plano político, que desplegó efectos sobre las conductas estrictamente sindicales, puesto que los sindicatos de Córdoba tuvieron siempre posiciones propias en sus luchas por los derechos laborales, irguiéndose como expresiones muy valiosas. A tal punto que incluso algunas seccionales, teóricamente entidades administrativas, se erigieron como tanto o más importantes que las centrales en Buenos Aires. Léase el Smata de Torres y tiempo después Campellone, la UOM de Alejo Simó o la UTA a través de diferentes secretarios generales. En función de este análisis, necesariamente abreviado, parece poco posible sostener que el sindicalismo actual de esta ciudad pueda enmarcarse dentro de las corrientes que enrolan al gremialismo nacional, más allá de alguna toma de posición de coyuntura. Los hechos y los actos registrados durante los últimos años, frente a decisiones de gobiernos peronistas, denotan la resistencia de los gremios locales a arriar banderas. Quizá la conclusión sea sostener que nuestros sindicatos no han mostrado la actitud acrítica de los gremios nacionales, con alguna honrosa excepción, cuando gobierna el peronismo.

