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Córdoba frenada por factores exógenos y domésticos

La afectan el clima, Brasil, la situación fiscal y la inflación. Juan Manuel Garzón.

03 de junio de 2012 a las 12:02 a. m.
Juan Manuel Garzón*
Córdoba frenada por factores exógenos y domésticos

La economía cordobesa está sufriendo fuertes embates que le llegan por distintos frentes. Estos ataques permiten explicar la rápida desaceleración que muestra al pasar, en pocos meses, de los tonos verdes y amarillos a los matices del rojo en muchos de sus indicadores. Veamos por donde vienen los principales problemas. En primer lugar, el fenómeno climático La Niña ha quitado a la provincia unas 6,5 millones de toneladas respecto de la campaña agrícola anterior y unos 1.500 millones de dólares de ingresos a los productores agrícolas de la provincia. Esos ingresos se reducirán, en promedio, 23 por ciento. Para tener una referencia de lo que puede significar este menor ingreso del campo, el monto de ingresos que se resignará en esta campaña sólo en Córdoba supera en un 25 por ciento a todo lo que facturó el mercado argentino de maquinaria agrícola durante 2011, cuando se comercializaron productos por 1.200 millones de dólares. En segundo lugar, Brasil sigue complicando a buena parte de la industria local exportadora. La demanda interna en ese país sigue todavía muy débil y no ha respondido con suficiencia a los estímulos que están generando distintas medidas de la política económica. Para la industria cordobesa, la debilidad de la demanda interna del vecino no es todo el problema; se suma un proceso silencioso pero sostenido de depreciación del real. En Brasil el dólar cierra mayo con un valor 20 por ciento por encima del que tenía un año atrás; por su parte, en Argentina la divisa terminó el mes con un nueve por ciento arriba. Incluyendo la inflación anual al análisis, 20 a 25 por ciento en Argentina según estadísticas de direcciones provinciales, y cinco por ciento en Brasil, se llega a la siguiente conclusión: los costos en dólares suben en Argentina mientras que bajan en Brasil y se resiente, consecuentemente, la competitividad de la industria argentina. Tercero, la situación fiscal provincial y municipal tampoco depara buenas noticias. La Provincia ya no recibe tantos más fondos de la coparticipación federal, la recaudación propia, si bien crece, lo hace a ritmo más lento y, lo que es más grave, el Tesoro provincial no está percibiendo fondos nacionales (que le corresponden) para financiar el desequilibrio que tiene su sistema de jubilaciones y pensiones. Por último, el modelo productivo de tipo de cambio real alto con inclusión social, como alguna vez fuera definido, ha sido claramente desbordado por la inflación y la ausencia de avances estructurales o institucionales que hagan sostenible un proceso de desarrollo económico. El Gobierno nacional sigue sin dar señales contundentes de que uno de sus objetivos prioritarios sea avanzar en la aplicación de medidas tendientes a desacelerar la inflación, el desequilibrio más dañino que tiene la economía. Por el lado de la microeconomía, la obsesión por mantener artificialmente bajo el valor del dólar ha derivado en la necesidad de aplicar una serie de cambios legales que restringen significativamente todas aquellas operaciones que pueden significar la salida de dólares del sistema. Un contexto que combina inflación, retraso cambiario, dificultades de aprovisionamiento, e incertidumbre empresaria respecto de las reglas futuras bajo las que se podrá producir y vender, pone barreras muy altas a la inversión, exportación y, por ende, el crecimiento.* Economista Jefe del Ieral de la Fundación Mediterránea