Coordinación de políticas, la clave para 2012
Los desequilibrios que amenazan las cuentas externas y las fiscales antes de las elecciones mantienen toda su vigencia. Las exportaciones y los recursos provenientes de ellas tuvieron un freno en noviembre. Jorge Vasconcelos.
Mientras la Eurozona define por estas horas su futuro, un dato que será crucial para la trayectoria de la economía mundial, en la Argentina está reasumiendo el Gobierno nacional con muy pocos cambios en el gabinete, pero con la necesidad de políticas mucho más coordinadas entre los distintos ministerios. Las últimas medidas, que establecieron controles en el mercado de cambios a principios de noviembre, mantuvieron el patrón de decisiones de años anteriores, como la prohibición de exportar carnes o el congelamiento tarifario. Con esto se busca un objetivo puntual pero se descuidan los múltiples efectos negativos sobre los incentivos a invertir y producir que esas medidas conlleva. Por lograr un equilibrio parcial se aleja a la economía del equilibrio general. Se sabía que el nuevo gabinete no habría de sorprender por el lado de los nombres, pero sería positivo que lo hiciera por el lado de la coordinación de políticas. El control de cambios, por caso, y como era previsible, no está generando soluciones por el lado externo, al tiempo que acentúa problemas en el frente fiscal. El diablo en los detalles. A su modo, la Eurozona, que está definiendo su futuro en estas horas, también enfrenta un problema de coordinación de políticas. El desafío es encontrar una ranura por la cual el Banco Central Europeo (BCE) pueda jugar un rol efectivo como prestamista de última instancia pero sin que eso siente precedentes para el relajamiento de las políticas fiscales y de reformas en marcha. Si los países en situación más frágil creyeran que el BCE habrá de estar rescatándolos en cualquier circunstancia, entonces perderían los incentivos para cambiar. Si los líderes europeos encuentran la dosis justa de "palo y zanahoria", entonces, quizás, puedan evitar la debacle. Aunque ese escenario no implica que puedan volver a crecer de modo intenso en lo inmediato. La Eurozona habría salvado su proyecto, "germanizando" parcialmente sus políticas fiscales y el funcionamiento de sus mercados incluido el laboral. La intransigencia alemana es positiva para evitar que los problemas se recreen en el futuro, pero conlleva el riesgo de ir más allá de lo aconsejable y dejar sin "zanahorias" al proyecto. Los bancos, el fisco y los exportadores germanos serían perdedores netos si se abriera paso el escenario de la desintegración del euro. Y esto permite suponer que, en última instancia, un acuerdo razonable puede ejecutarse. Pero ya se ha dicho que "el diablo está en los detalles". Desequilibrios vigentes. En el caso de la Argentina y, afortunadamente, con connotaciones mucho menos dramáticas, también está planteado el problema de la coordinación de políticas. Los desequilibrios que amenazaban las cuentas externas y fiscales antes de las elecciones conservan toda su vigencia. La quita de subsidios es algo inevitable en este contexto, aunque el enfoque de "tarifas barriales" en lugar del más apropiado de las "tarifas sociales" puede generar enredos y ser menos eficaz en cuanto a los objetivos, no sólo de ahorros fiscales sino también de mayor racionalidad en la demanda energética y mayores incentivos a la oferta.Desde el punto de vista del sector externo, se están por cumplir mes y medio de controles en el mercado de cambios y aún así, las reservas del Banco Central cayeron aproximadamente 1.500 millones de dólares desde la vigencia de las nuevas medidas. En octubre la merma había sido de unos mil millones.Y no se trata sólo de un tema financiero. En noviembre se produjo un freno brusco en la marcha de las exportaciones, que en octubre habían subido 27 por ciento interanual. No están los datos completos, pero hay indicios contundentes: las ventas al exterior de la industria automotriz cayeron 18 por ciento interanual en unidades (contra lo que se piensa, las dirigidas hacia Brasil todavía registraron guarismos positivos) y las exportaciones que pagan derechos cayeron 14,2 por ciento interanual en dólares, a juzgar por los datos de recaudación. El superávit comercial, que hace 12 meses acumulaba 13.600 millones de dólares por año, pasaría a nueve mil millones de dólares año cuando se conozcan los datos de noviembre. Compárese con Brasil, que 12 meses atrás registraba un superávit comercial de 17 mil millones de dólares anuales y ahora lo amplió hasta 31.300 millones. Y las exportaciones del vecino país subieron todavía un 23 por ciento interanual en noviembre, pese al deterioro de la economía mundial. Justamente, en un escenario de competencia global acentuada, nuestro país necesita más fluidez (y posiblemente un tipo de cambio más realista) y no más controles en el manejo externo.A su vez, como se había advertido, el achicamiento relativo de las variables de exportación e importación ha comenzado a impactar de lleno sobre la marcha de la recaudación fiscal. De un aumento interanual de 33,4 por ciento en octubre se pasó a 29,9 en noviembre, aunque este dato no es realista, ya que surge de una marcada contracción en la devolución y reintegro de impuestos por parte de la Afip. Con esos ítems en ratios históricos, entonces, la suba de recaudación de noviembre se habría aproximado a 27,5 por ciento interanual, una merma de casi seis puntos porcentuales respecto de octubre. Es que el aporte de los tributos vinculados al comercio exterior se achicó a un tercio. Entre enero y octubre lo colectado por retenciones, aranceles e IVA-DGA contribuyó con 6,9 puntos porcentuales al aumento de la recaudación total (fue de 32,6 por ciento). En cambio, el aporte de noviembre de esos tres impuestos fue de sólo 2,2 puntos. Hay que tener en cuenta que las últimas mediciones marcan para el sector público nacional un déficit fiscal primario equivalente a 0,8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Contablemente, se presenta un superávit de 0,9 pero esto surge de aportes del Banco Central, que no son gratuitos en términos de expectativas de inflación, y de la Anses, que tampoco lo son en materia de disponibilidad de crédito para la inversión del sector privado. La merma en la marcha de la recaudación y sus determinantes deberían ser considerados en forma coordinada por el flamante gabinete nacional. Así, podrían evitarse nuevos "efectos Pacman" de medidas que, persiguiendo un objetivo aislado, atacan la marcha de otras variables, igual o más relevantes.

