Temas del día:

El cambio en la agenda económica, de 2007 a 2011

Las principales herramientas de política económica han perdido el poder de fuego que tenían allá por 2007. Algunos indicadores muestran el achicamiento del margen de maniobra disponible. Jorge Vasconcelos.

26 de junio de 2011 a las 12:02 a. m.
Jorge Vasconcelos (Economista)
El cambio en la agenda económica, de 2007 a 2011

Con las candidaturas presidenciales definidas tanto en el oficialismo como en la oposición, parece oportuno repasar los principales indicadores económico-sociales comparando el actual contexto electoral con el que dominaba la agenda en ocasión de la contienda de 2007. En general, se tiene que la fotografía de hoy muestra mejores indicadores en el plano social, tasa de desempleo y salarios, pero un deterioro de la competitividad que puede hacer difícil de sustentar algunos de estos logros. La magnitud de los desafíos es claramente mayor en 2011 vs. 2007. De allí que el próximo presidente, cualquiera sea su signo, deberá apuntar a mejoras genuinas de competitividad si es que aspira a gozar de la consideración ciudadana en 2015. El entorno internacional lucía más amigable en 2007, sencillamente porque las burbujas de deuda en el mundo desarrollado no habían explotado todavía. En cambio, 2011 está dominado por la "digestión" de aquellos excesos.Como se ha señalado en artículos anteriores, este deterioro del contexto es parcialmente compensado por el hecho que las tasas de interés son inusualmente bajas en el mundo y por la existencia de factores específicos que sostienen en un nivel muy elevado los precios de las materias primas. Pero esos paliativos no están debidamente aprovechados porque, en el plano financiero, el riesgo país es elevado y, en el productivo, la dinámica de inversiones y empleos asociados a los recursos naturales se ubica por debajo del potencial, según revela el análisis comparado con países vecinos.Esto ocurre, a su vez, cuando las principales herramientas de política económica han perdido poder de fuego. Algunos indicadores muestran el achicamiento del margen disponible. Números más flacos. En materia fiscal, mientras en 2007 el sector público nacional lograba un superávit primario equivalente a 3,1 por ciento del PIB, para 2011 el acumulado de 12 meses hasta mayo registra un déficit de 2,6 del PIB, que es cubierto en proporción creciente por recursos extraordinarios (BCRA, Anses). Este deterioro se corresponde con un fuerte aumento de los subsidios, que pasaron de una cifra de 1,8 por ciento del PIB en 2007 a un estimado de 3,5 cuatro años después, como forma de mantener precios y tarifas artificialmente bajos (fundamentalmente en Capital Federal y el Gran Buenos Aires) de transportes y energía. Una derivación del empeoramiento del cuadro fiscal es el aumento del riesgo país, que en 2007 había arrancado en un nivel semejante al de Brasil, a mediados de ese año era de 270 puntos (130 puntos superior al del vecino país) y a mediados de 2011 se sitúa en 614 puntos, es decir, casi 450 puntos por encima del de Brasil. Así, mientras las reservas externas del Banco Central aumentaron en nada menos que 13 mil millones de dólares en 2007, en el presente se muestran estancadas y con perspectivas de un leve retroceso.Lo que ocurre actualmente con las reservas del Banco Central es el punto de unión entre el deterioro del cuadro fiscal y el achicamiento del superávit de la balanza comercial, que está llevando este año a un pequeño déficit en la cuenta corriente del balance de pagos. Si bien un valor negativo de esta variable no tiene nada de malo, lo que constituye una señal amarilla es la combinación con fuga de capitales (que hace que la caída de reservas pase a ser el mecanismo de financiamiento) y con retroceso en los indicadores de competitividad internacional. En este sentido, el rojo de la balanza comercial del sector industrial, que en 2011 estaría superando los 25 mil millones de dólares, no muestra ningún tipo de cambio estructural, ni respecto de 2007 ni tomando años anteriores. Esto ha hecho que, en materia de exportaciones, la Argentina sea hoy más dependiente que en 2007 de los precios de las materias primas y de la dinámica de importaciones de Brasil. Después de la devaluación de 2002, la Argentina pudo disimular problemas crónicos de competitividad con un tipo de cambio elevado. Todavía en 2007, el "colchón cambiario" era significativo, ya que el tipo de cambio real contra el dólar estadounidense se ubicaba en 1,86, definiendo a 2001 como igual a 1. Sin embargo, en el presente ese guarismo ha caído a 1,24. Obviamente, lo que carcome este factor de competitividad es la suba sostenida de los costos internos (la "inflación en dólares"). Si bien hoy el dólar es una moneda débil en el mundo, la pérdida de competitividad cambiaria al ritmo actual llevará en algún momento de los próximos meses a un inevitable rebote del tipo de cambio que, como mínimo, comenzará a evolucionar en paralelo con la inflación local (esto es lo que hace recomendable que caiga la inflación antes que optar por el salto devaluatorio). Más allá de estas discusiones, lo cierto es que el margen cambiario de 2011 es mucho más estrecho que el de 2007, y esto condicionará a la política económica del próximo periodo presidencial.Por el momento, puede decirse que la "inflación en dólares" ha sido asimétrica, ya que ha afectado proporcionalmente mucho más a la competitividad industrial que al ingreso real de los trabajadores. La caída en la tasa de desempleo y la focalización de planes sociales como la Asignación Universal por Hijo están operando como soporte del poder adquisitivo.Sin embargo, a mediano y largo plazo, para hacer sustentables y poder profundizar las mejoras sociales se necesita que éstas sean consistentes con la competitividad de la economía. De lo contrario, la dinámica se comenzará a resentir por el lado de la inversión, con ella el empleo y después la recaudación tributaria.En este sentido, 2011 ya muestra, comparado con 2007, un debilitamiento de la capacidad de crear empleo de la economía. El panorama descripto subraya la existencia de indicadores "fuera de escuadra", como el riesgo país, la presión tributaria, el deterioro fiscal y de competitividad (en parte por la "inflación en dólares"). Alinear esas variables forma parte de las "condiciones necesarias" para seguir creciendo, con un sesgo mayor a favor del empleo. Lo que no está en el cuadro es algo más conceptual. Por el achicamiento de los margenes disponibles y en función de aprovechar mejor la parte positiva del contexto internacional, lo recomendable es que, a partir de aquí, el apoyo a los sectores productivos se reoriente a favor de aquellos que menos subsidios y menos protección están demandando, porque esa es la señal más clara de su capacidad de expandirse en forma sustentable.