¿Bailamos o no la danza de la lluvia?
Muchos cordobeses “donaron una gota” durante los meses de la ya usual sequía que afecta a la provincia y les redituó tarde, pero con creces, con una tormenta que los dejó asombrados y sin servicios durante días. Alejandra Beresovsky.
Muchos cordobeses “donaron una gota” durante los meses de la ya usual sequía que anualmente afecta a la provincia y les redituó tarde, pero con creces, con una tormenta que los dejó asombrados y sin servicios durante varios días. Eso fue hace ya dos semanas, pero en la que termina, las nubes negras, una jornada de lluvia regular y otra de vientos amenazadores los hizo temblar.
¿Cómo renegar de la falta de agua, de la bajante del San Roque, de los pastos secos y los efectos ambientales y económicos, si, al mismo tiempo, la ciudad carece de estructura para soportar el chaparrón? Es cierto, hubo aditamentos: las ráfagas que provocaron destrozos, la desproporción entre el tiempo que duró la precipitación y la cantidad de agua que cayó y el granizo. Pero no son atenuantes: un repaso por los archivos y la simple memoria nos debería permitir anticiparlos, mejorar los programas y células de crisis y planificar en forma urgente la infraestructura que permite minimizar los efectos.
Los torrentes en calles y avenidas de Córdoba, la imposibilidad de los habitantes de trasladarse, la desaparición automática de medios de transporte, principalmente taxis y remises, convierte a un día de lluvia en no laborable –con el consecuente, aunque no calculado, impacto en la productividad– o directamente en trágico, cuando hay víctimas como consecuencia de árboles caídos sobre autos o peatones o electrocución por caída o manipulación de cables mojados provenientes de postes de luz. Nada que se pueda pagar con lo que se recaudó por las multas por derroche.
Agobio por la falta de precipitaciones desde agosto, incendios y perjuicios económicos. Un escenario inevitable desde tiempos inmemoriales. Tampoco es posible evitar las tormentas, pero he aquí algunas ideas para neutralizar su impacto.
Puestos a escoger, si la Provincia quiere aportar obras para la Ciudad puede orientar su mirada a las necesidades relacionadas, como desagües; en lugar de decidirse por las decorativas y de dudosa relevancia simbólica. O también puede ver la viga en su ojo y aprovechar los fondos para financiar mejoras en la Empresa Provincial de Energía de Córdoba, cuyo estado José Manuel de la Sota criticó desde finales de la gestión de Ramón Mestre padre –con fallida privatización de por medio y cálculos exactos sobre qué desembolsos demandaba– y que también responde con cortes de la prestación a las primeras caídas de gotas.
Pero los ciudadanos también pueden hacer su parte, evitando tirar basura en desagües y canales, algunos de los cuales virtualmente han desaparecido; haciéndose cargo de las veredas, que son responsabilidad de los frentistas y denunciando la presencia de árboles propios o de espacios públicos en peligro de caer.
Hoy, una nube negra da temor, cuando hace un mes generaba sólo esperanza y las primeras precipitaciones generaban aplausos. Evitemos entonces bailar la danza de la lluvia.

