Ajuste o ajuste
n medio de fuertes revueltas sociales, el Congreso de Grecia le dio el visto bueno al plan de ajuste fiscal. Marina Dal Poggetto.
En medio de fuertes revueltas sociales, el Congreso de Grecia le dio el visto bueno al plan de ajuste fiscal. La medida contempla un ahorro fiscal de 28.600 millones euros (13 por ciento del PBI) en los próximos cinco años y un plan de privatizaciones en torno a los 50 mil millones de euros. La consecuencia inmediata fue la bienvenida de los mercados financieros que, enfocados en el cortísimo plazo, descuentan, una vez logrado el consenso político del ajuste griego, el desembolso del quinto tramo (12 mil millones) del primer paquete de ayuda de mayo de 2010 (110 mil millones), descartando las chances de un default inmediato. Poco importa la inviabilidad del ajuste nominal en una economía en la que el gasto privado retrocede y las herramientas de política están atadas de pies y manos. La monetaria por la rigidez cambiaria resultante del esquema del euro y una tasa de interés local que sube mientras los depósitos salen de los bancos y el mercado se desprende de los bonos griegos. Y la fiscal, que lejos de compensar el retroceso del gasto privado, requiere de mayores ajustes como condición para el financiamiento. Sin embargo, la alternativa al ajuste nominal es un ajuste mayor. El default sin devaluación no es alternativa, y la devaluación generaría una ruptura de contratos con consecuencias enormes. El tema es un ajuste agónico o un ajuste rápido. Este último permitiría reestablecer la competitividad precio de la economía mientras el primero no es evidente que no se resuelva abruptamente al final. Pero detrás de esta disyuntiva están las conexiones sistémicas que tendría un evento disruptivo en Grecia con consecuencias similares a las vividas tras la caída de Lehman Brothers en 2008. Si bien la deuda pública de Grecia (475 mil millones de dólares) es menor a la de Lehman Brothers por entonces (600 mil millones), un potencial efecto contagio sobre la deuda pública de España (925 mil millones de dólares) e Italia (2,3 billones) sería devastador para el circuito financiero global. Y son estas conexiones las que hacen la diferencia respecto al caso argentino de fines de los '90. La salida de la convertibilidad se dio cuando desapareció el prestamista de última instancia. Acá, de momento, sigue existiendo, aunque las condiciones de ajuste nominal requeridas implican cada vez mayores ajustes. El objetivo es ganar tiempo para limpiar los balances de la banca europea y evitar un default que gaville el contagio financiero. Mientras tanto el debate es cómo se socializan las pérdidas, si son los contribuyentes griegos vía el ajuste o son los de la Unión Europea que contribuyen a fondear los salvatajes. En este sentido, la propuesta de Alemania de coordinar una intervención voluntaria de la banca europea tenedora de deuda griega es un paso positivo. En este esquema con aún no escrito, el objetivo seguirá siendo ganar tiempo para limpiar los balances de los bancos. En el medio, y con la restricción presupuestaria operando en el día a día sobre la economía griega, la política, una vez más, seguirá al pie de la letra la demanda del mercado.

