2013, un año bisagra
Por varias razones, políticas, macroeconómicas e inclusive sindicales, el que comenzará en horas más será un año bisagra para las empresas argentinas. Walter Giannoni.
Por varias razones, políticas, macroeconómicas e inclusive sindicales, el que comenzará en horas más será un año bisagra para las empresas argentinas. La agenda política prevé para 2013 elecciones legislativas en las que el Gobierno necesitará ratificar parte de su poderío parlamentario para no perder fuerza en apenas el segundo año de los cuatro que comprenden la actual gestión.El empresariado sabe ya de sobra que cuando asoma un año electoral, independientemente de quién gobierne, el gasto público crece. En el actual escenario, esto puede incentivar la inflación y en casos puntuales, como la construcción, generar nuevos negocios. Un ajuste en los beneficios que paga el Estado, como jubilaciones o asignación universal, también termina dejando dinero en el consumo.El poder con el que Cristina Fernández emerja de esa contienda se traducirá en decisiones puertas adentro de las compañías, sobre todo las grandes, a las que todos los días el Gobierno le mira los precios y la rentabilidad.La negociación salarial que comenzará en pocas semanas más también juega en ese contexto. Como ya ocurrió en 2012, ninguna empresa podrá subir sueldos sin trasladar ese costo a los precios. En consecuencia, 2013 será un año clave para conocer cuál es el destino final de la competitividad argentina. A 7.15 por litro, el precio de la nafta en la Argentina es uno de los más altos del mundo. No debería extrañar ese valor, en muchos otros productos el país bate récords de precios como resultado del crecimiento de los costos. Por ello un número cada vez mayor de productos argentinos quedan marginados de los mercados internacionales y obligan al Gobierno a recortar importaciones para preservar el dibujo del superávit comercial. Es decir, 2013 viene con varios frentes abiertos que será difícil volver a patear un año más para adelante.

