Villa Tulumba lleva tres años repartiendo agua en camión
El municipio de Villa Tulumba, de dos mil habitantes, gasta 60 mil pesos mensuales en transportar agua desde Deán Funes.
Al pueblo llega en camiones y se reparte casa por casa, desde hace tres años, cuando arroyos y napas se secaron.
El municipio le compra a la Cooperativa Copasa, de Deán Funes, seis mil pesos mensuales de agua, pero llevarla hasta Tulumba y distribuirla le cuesta al municipio la quinta parte de la coparticipación que recibe. Es decir, gasta lo mismo que en la prestación de los servicios de salud de su dispensario.
“Es preocupante porque si la cosa sigue así, Tulumba es un pueblo que se va a morir en 10 años”, señaló a este diario Eduardo Daffis Niklison, un juez cuya familia tiene casa en la región hace más de 100 años y que la visita con frecuencia.
El intendente Romualdo Gustavo Palomeque confió a este diario que ya se hicieron más de 14 perforaciones y en todas se encontró agua pero sin caudal suficiente. Del pozo de donde extraen mayor cantidad, en épocas normales provee 18 mil litros por hora pero hoy su producción está al 50 por ciento. Para poder abastecer a los dos mil habitantes del pueblo, necesitarían extraer entre 50 mil y 60 mil litros por hora. El problema central es que no hay agua cerca.
“Sin agua, todos los esfuerzos que hacemos no tienen sentido. Sería el intendente más feliz si pudiese solucionar ese tema porque, además, financieramente es un problema gravísimo para municipios chicos como el nuestro. Calcule que para las fiestas patronales del 13 de octubre esperamos que lleguen a Tulumba 25 mil personas. Pero vamos a pasar todo ese fin de semana transportando agua para asegurarla a semejante cantidad de fieles”, explicó Palomeque.
A la salida de Villa Tulumba, Sixta Rafaela, a sus 85 años, anda con un balde dándoles agua en cuentagotas a sus gallinas. En la puerta de la casa tiene un montón de fuentones y tachos, y hasta el lavarropas, en los que junta agua. “En todos los años que tengo, nunca he visto una situación similar. Jamás estuvo tan seco”, marcó la mujer.
Tampoco le cuenten a Amado Casas, que tiene una proveeduría en el paraje Las Juntas donde el agua no llega hace tres años y los turistas tampoco. En este tiempo, las ventas le bajaron un 80 por ciento y tuvo que emplearse en el municipio. “Así, sin agua, no viene nadie”, se lamentó.

