Los chicos van al rescate de la cultura de Córdoba
Un proyecto del Museo de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia con escuelas rurales promueve la reflexión en torno al patrimonio cordobés y una práctica de saberes locales.
"Espere que haga la redondura y después saquelé la foto al morterito", pide terminante Jonathan Giménez. "Hice un caballito de arcilla con cola de paja y ojos de piedra que se llama como el mío: Solito", apunta Maico Martínez."Este ovillo es de lana de oveja que yo hilé a mano. Ahora con cortezas de árbol voy a mostrarles a los chicos cómo se tiñe naturalmente. Antes vivía de mis artesanías pero después me empezaron a exigir facturas y fue un lío todo que ya no me dio ganas de seguir, pero ahora seguro vuelvo a empezar", confiesa Ermelinda Molina.Estas voces y muchísimas más a coro surgieron en el último encuentro entre escuelas rurales y el área educativa del Museo de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia. La reunión era una práctica comunitaria de intercambio de saberes patrimoniales, en la hondonada de gramilla escarchada del patio de la escuelita José Ingenieros de Río del Medio, entre puro cielo y ondulado horizonte de pinares.Una dinámica distinta circula en varios museos e instituciones que dejaron de ser sitios de mera exhibición para convertirse en espacios críticos de reflexión y participación democrática. En esa sintonía promueve sus múltiples acciones el Museo de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia, las cuales según su directora, Mónica Gorgas, se vinculan a una consigna lanzada desde el Consejo Internacional de Museos (Icom) 2010: "Museos para la Armonía Social".O sea, para que estos sitios institucionales no sean agentes de conformidad social, sino el ámbito de discusión de conflictos donde se reciban, interpreten y equilibren la asonancia y la disonancia, al promover la diversidad cultural como un fin en sí mismo. Aprendizajes e identidades. "Museo y escuelas rurales: Un ida y vuelta", es un nuevo espacio pedagógico de educación patrimonial que se desarrolla desde 2008, entre una red de nueve escuelas rurales de personal único y multigrado, ubicadas en la zona serrana de los Valles de Calamuchita y Paravachasca. Lo hacen en conjunto con el área educativa del Museo de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia. Este año se sumaron al proyecto otras instituciones, con el propósito de brindar capacitaciones para la comunidad en torno a la recuperación de oficios y prácticas culturales en la zona como: Inta, Escuela de Cuentería Dicho y Hecho y Tierra y Ambiente.Olga Bartolomé, licenciada en Ciencias de la Educación que se desempeña dentro del área educativa del museo de Alta Gracia, es factótum de esta experiencia."El objetivo es articular el trabajo entre las escuelas y el museo como herramientas para democratizar el patrimonio, revalorizando el vínculo que existe entre los aprendizajes y las identidades culturales", explica mientras nos conduce hacia Río del Medio.El proyecto surge a raíz de la visita al museo de la maestra de Golpe de Agua, Elizabeth Parra, con el propósito de trabajar junto a sus alumnos acerca de la identidad.Ambas instituciones comparten una relación histórica al pertenecer ambos a la jurisdicción jesuítica. El actual museo era el antiguo casco de estancia, mientras que las escuelas están situadas en cercanía a uno de los puestos de la misma unidad productiva."Lo de ida y vuelta tiene que ver con un trabajo horizontal habilitando la escucha, el reconocimiento de los saberes con la idea que no se pierdan, se valoren y se transmitan. Comprendemos el patrimonio como fuente de desarrollo territorial; la revalorización de lo local a través del trabajo con la identidad aparece como posibilidad de defender la tierra", agrega Bartolomé.El contexto sociocultural de los nativos de la zona cambió abruptamente cuando se cerraron las canteras de mica, se dispersaron los puesteros, desaparecieron las majadas y oficios rurales para dar lugar a masivas plantaciones de pino. En ocasiones, los pobladores se convirtieron en empleados de las tierras de las que eran dueños. Manos a la obra. Avanzando por la ruta provincial N° 5 dejamos atrás el espejo azulado de Potrero de Garay para ascender por un camino rural, hacia la escuela primaria José Ingenieros, donde el paisaje de altura refuerza la sensación de páramo. "¡Pasen, pasen! El aula está muy fría porque tenemos rota la salamandra pero vamos a trabajar en el patio ¿vieron el sol que hay?", dice Martín Bustos, quien de inmediato siente la necesidad de explicar: "Tengo nueve alumnos en multigrado y están ansiosos por esta visita; saben que van a trabajar con madera, cerámica, lana y esto los hace volver a mirar su cultura e idiosincrasia. Cuando los chicos egresan del primario quedan casi sin posibilidades de subsistencia y al aprender estos oficios pueden defenderse; nadie está obligado a quedarse en el lugar pero yo siempre les digo que es mejor ser un carpintero feliz a un abogado amargado". Anuncio. "Traigo una buena noticia. Los ferreteros de Alta Gracia nos donaron todas las herramientas para dos bancos de carpinteros", anuncia a los alumnos Miguel Céliz, que será el instructor en el manejo de la madera. Inmediatamente despliega ante la sorpresa de los alumnitos gubias, serruchos, escofinas, formones, tenazas y demás utensilios. "Yo me autodenomino un protector de la mano de obra y mi mayor orgullo es cuando veo construir a los chicos porque están haciendo su propio rescate cultural", dice Céliz.A los alumnos de Río del Medio se le sumaron para esta experiencia los de la escuela Cristóbal Colón de La Acequiecita, quienes cabalgaron 17 kilómetros para llegar."Aquí estamos todos", dice el maestro visitante Claudio Ledesma y, mientras observa las habilidades que tienen los niños con los materiales, reflexiona: "Estos chicos tienen enormes potencialidades para desarrollar estas técnicas vinculadas con sus saberes autóctonos, pero no solamente tratar de recuperar lo artesanal es vital, sino que al integrarnos las distintas comunidades educativas, también se restablecen normas de convivencia, solidaridad y cooperación, valores que se diluyen en esta ruralidad tan dispersa". Prácticas. Los grupos se distribuyeron las tareas y fueron rotando en las prácticas: tallado en madera, modelado en arcilla, teñido de lana y taller de reconocimiento y uso del bosque nativo. A propósito, Mariano Giosa –profesor de Historia e integrante también del área educativa–acota: "Cada escuela nos plantea su necesidad y la dimensión del proyecto se agranda ante la falta de soluciones técnicas que tienen estos pobladores. La articulación de estos encuentros se hacen desde la horizontalidad, en la construcción conjunta entre lo académico y los saberes populares." Interpretar, actuar, vivir sobre el mundo, construir ciudadanía, tomar posesión y utilizar los recursos culturales, entre otras acciones promovidas por escuela y museo, resignifican el concepto de patrimonio, el cual ya no sólo remite al cúmulo de los acervos heredados, sino que se constituye en testimonio, legado y sustento de las memorias de los pueblos. Textos y fotografías: Bibiana Fulchieri

