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“Las estrategias no deben ser prohibitivas ni restrictivas"

Quioscos saludables. Mónica Katz, directora del posgrado en Nutrición de la Universidad Favaloro, cree que deben incluir golosinas reformuladas para reducir grasas trans, azúcar o sodio.

30 de octubre de 2013 a las 12:03 a. m.
“Las estrategias no deben ser prohibitivas ni restrictivas"
Contraproducente. “Si prohibimos, generamos más deseo”, señala Katz, autora del libro “No dieta”.

“La idea de quiosco saludable debe ser desde la perspectiva ‘no dieta’, es decir, con ‘pequeños placeres’”, opina Mónica Katz, médica especialista en Nutrición, fundadora del Equipo de Trastornos Alimentarios del hospital Durand y directora de la carrera de Especialista en Nutrición con Orientación en Obesidad y del Posgrado en Nutrición de la Universidad Favaloro. “Lamentablemente, las estrategias son prohibitivas y restrictivas”, completa.

Pero matiza: “Tampoco puede ser que los quioscos escolares sólo tengan enormes facturas o sándwiches de salame. Pero si prohibimos, generamos más deseo. Y los chicos lo comen en la escuela o lo hacen afuera pues en el mercado siguen existiendo”.

Katz considera que, debido a que la escuela es un ámbito educativo, también podría ser un espacio de aprendizaje nutricional, “pero no sólo de pirámides y vitaminas”. Por eso, añade, “las estrategias que intentaron armar un quiosco sin ningún producto indulgente que los chicos comen habitualmente, no funcionaron. Debería incluir golosinas o snacks de 150-200 calorías, reformulados de manera de eliminar grasa trans, exceso de azúcares o sodio. Además, sería interesante incluir frutas, frutas secas y lácteos”.

Katz, quien también es autora del libro No dieta, reeditado recientemente con la inclusión de un nuevo capítulo, y de los títulos Comer y Somos lo que comemos.

Para la especialista, la incorporación de los temas relacionados con la nutrición al ámbito escolar es positiva. “Existe una carencia absoluta de talleres de cocina, porciones, calidad de alimentos, huertas o alimentos en las escuelas”, manifiesta. En ese sentido, destaca que la política de inserción de este tema debe contemplar una estrategia de formación de los docentes e incluir a las familias de la manera que sea posible. “Hoy con Internet se abren las posibilidades, aun con padres muy ocupados. Las redes sociales también pueden ser una buena herramienta”, apunta.

Entre mayo y octubre de 2008 se realizó en Rosario un relevamiento aleatorio entre 405 estudiantes de entre 9 y 11 años de seis escuelas. El informe de la investigación, que se publicó en la última edición de la revista Panam Salud Publica (Organización Mundial de la Salud/Organización Panamericana de la Salud) arrojó que las niñas tenían mejor predisposición a incorporar alimentos saludables a su dieta que los niños. Sin embargo, diferenció entre la incorporación de alimentos saludables y la reducción de la ingesta de la denominada “comida chatarra”.

¿Qué son las calorías?

Las calorías de las que habitualmente se habla consisten en el aporte de energía de los alimentos. “Lógicamente, mientras más calorías tenga el alimento almacenadas para liberar, más engordante es”, explica Rubén Salcedo, director médico de Sanatorio Diquecito.

“En la medida que más procesamos la comida -añade Salcedo-, mayor cantidad de calorías aportamos a nuestro organismo en términos generales y así existe mayor riesgo de subir de peso y enfermarnos por la obesidad”.

Aumentar kilos es sencillo: basta con sentarse frente a una pantalla y tener a mano papas fritas u otro tipo de snacks, galletitas con azúcares refinados y rematar con una hamburguesa o pizza y al poco tiempo, ¡zas, los pantalones no se pueden abrochar!

Es que estamos a contramano de lo que genéticamente nos dio la naturaleza. Creados para andar, cazar y soportar hambrunas, fuimos provistos de un panículo adiposo con el objetivo de ahorrar calorías. Hoy, con la tecnología y el confort y los alimentos a mano, sin mover más que los dedos para tocar el mouse o un botón, la energía queda encapsulada en el organismo en la forma en que la conocemos: sobrepeso y obesidad.

Masticar sentados

Una medida para evitar que los niños se alimenten distraídos con los “jueguitos” es respetar los horarios de las comidas y mantener el hábito de sentarse a la mesa, cumpliendo con el ritual de estar juntos, conversar y paladear lo que luego se deglute.

“El cerebro humano deja en manos de sectores inferiores las funciones menos complejas y más rutinarias (las no cognitivas) como la de comer”, señala la pediatra Liliana Villafañe. “La distracción ha demostrado incrementar la ingesta –explica–, por lo cual, es muy importante desde la niñez tener momentos para alimentarse y hacerlo sentado a una mesa puesta a tal fin en el sentido simbólico de la comida”.

“Si para que el niño coma se le ofrece el alimento en cualquier momento, mientras juega, ‘corriéndolo con un bocado’, se favorecer el hábito del picoteo en la edad adulta –añade–. Parado y rápido no se tiene conciencia de lo que se come, se hace en automático, pero a nuestro cuerpo sí le llegan las calorías”. “Por ello, concluye, mirar televisión mientras se come deriva la atención de la comida y puede estimular la ingesta, lo que se suma a las posibles influencias de las propagandas televisivas” (para promover el consumo).