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Oír se dejan..

La contundente manifestación del jueves pasado fue una representación del hastío que muchas medidas y los tonos del Gobierno despiertan en la clase media. Roxana Acotto.

16 de septiembre de 2012 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Oír se dejan..

Como desde siempre se sabe que la voz del pueblo es la voz de dios (vox populi, vox dei), muchos quedaron –después del jueves– intentando descifrar qué había dicho esa voz tras las masivas y alegres protestas que surgieron en las principales ciudades del país. La falta de una convocatoria centralizada y de un listado de reivindicaciones unificadas dejó abierta la interpretación de por qué tan nutridos sectores de la clase media decidieron esta vez hacer oír su protesta y sus cacerolas.Quien parece no haber escuchado nada es el Jefe de Gabinete, quizá la persona que –por su rol institucional–, más razonabilidad debería poner a sus palabras. Pero no. Abal Medina no sólo desconoció el llamado a la reflexión, sino hasta las más mínimas sutilezas de la política: "Cualquier manifestación de la izquierda junta más gente", dijo, como invitando a que la próxima convocatoria sea aun más masiva. Ya se sabe: no hay peor sordo que el que no quiere oír.Entre los que sí intentan descifrar el mensaje, reina cierta confusión: ¿Cuál fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de los manifestantes? ¿Fue el cepo al dólar, la inflación, la inseguridad o la prepotencia del Gobierno? ¿El espanto de una eventual re-re? Seguramente los factores confluyen.Quienes cultivan las artes de la adivinación se rigen por un principio básico: Nunca hay que forzar las interpretaciones, porque la verdad se expone –apenas velada– en la superficie de las cosas.La contundente manifestación del jueves pasado fue una representación del hastío que muchas medidas y los tonos del Gobierno despiertan en la clase media. La alegría de los concurrentes no debería tomarse como un signo de debilidad o frivolidad, sino como parte del descubrimiento colectivo de que "somos muchos". Agrupados sin un liderazgo claro (aún), las próximas convocatorias tendrán el doble desafío de crecer en número, transformando el júbilo inicial en reivindicaciones concretas.