Morenito
“¡A vender!”. El grito de Guillermo Moreno se escuchaba por encima del murmullo de las turbinas del avión que llevó una variopinta delegación de empresarios argentinos en misión comercial a Angola. Roxana Acotto.
"¡A vender!". El grito de Guillermo Moreno se escuchaba por encima del murmullo de las turbinas del avión que llevó una variopinta delegación de empresarios argentinos en misión comercial a Angola, un país con 19 millones de habitantes pero un PBI per cápita que es la mitad del argentino y configurado como uno de los más desiguales del mundo. "Volvamos como antes, Faraón", invocaba con voz firme José López Rega (otro secretario plenipotenciario que cobijó el justicialismo) mientras zamarreaba de los pies al cuerpo (ya cadáver) de Juan Domingo Perón. Comparar a Guillermo Moreno con José López Rega puede sonar a desmesura en un país donde la desmesura perdió toda escala de medición. Pero ambos secretarios tienen interesantes puntos en común: su fe en el proyecto que defienden supera a la de sus propios líderes y ante cualquier problema buscan soluciones con más remedios de la misma fórmula fallida. La fe ilimitada en su propia capacidad de torcer la realidad los emparenta (seguramente menos ahora que en un futuro inexorable).A López Rega se le encargó (o él eso entendió) poner a raya a Montoneros, como Guillermo Moreno se cree el garante de un superávit comercial donde imagina tres escenarios: "si la balanza comercial de 2012 está por debajo de los 6.000 millones (de dólares), estamos jodidos; entre 6.000 y 8.000 zafamos y en los 10 mil sigue la fiesta". Para conseguir ese objetivo (autofijado o fijado desde otro lugar), el secretario zamarrea de los pies a quien haga falta.En la búsqueda de las soluciones a los problemas de los gobernantes que adoran, López Rega y Moreno caminaron y caminan –respectivamente– por senderos insólitos que la luz de la historia vuelve (o volverá) patéticos. La reciente gira comercial por Angola incluyó globos, remeras con consignas y el ritual de cantar –a 30 mil pies de altura– la marcha peronista; paralelamente excluyó a las mujeres de la comitiva, porque Moreno entiende que hubieran sido una distracción en su afiebrada agenda. "Es mi amigo", decía la limitada Isabelita cuando atacaban a Lopecito. "Es un príncipe", dice la brillante Cristina en defensa de su espada mayor. Ya se sabe: finalmente la viuda (aquella) dejará caer en desgracia a su lugarteniente para demorar lo irremediable.Nacido un 17 de octubre, José López Rega era amante de la astrología y su signo era Libra, la síntesis del equilibro, el mismo signo que el azar le confirió a Guillermo Moreno, Morenito, un 15 de octubre. Casualidades.

