Missis Chasman y sus Chirolitas
Los gobiernos peronistas suelen tener sus Barrionuevos y sus Mariottos, personajes deleznables que se pueden asumir como oficialistas u opositores por cuestiones totalmente alejadas de la ideología e intrínsecamente alineadas con sus propios intereses. Roxana Acotto.
L os gobiernos peronistas suelen tener sus Barrionuevos y sus Mariottos, personajes deleznables que se pueden asumir como oficialistas u opositores por cuestiones totalmente alejadas de la ideología e intrínsecamente alineadas con sus propios intereses. Aquel se reconoció "recontra-alcahuete" de Menem y ahora lo corre por izquierda al mismísimo Hugo Moyano, clamando por un paro general a un gobierno del –supuesto– mismo cuño. Este –impuesto vicegobernador del genuflexo Scioli– se asume como "Chirolita" de CFK, algo así como admitir que no habla por voz ni ideas propias, sino por cuenta y orden de su propia Mister (o Missis) Chasman, el ventrílocuo que popularizó el dúo que hacía con su muñeco. Que Barrionuevo o Mariotto laman las suelas del poder al que sirven y del que se benefician no sería mucho más que una anécdota del peronismo, un movimiento con la vocación del poder y la verticalidad de la que carecen radicales y socialistas y que –¿irremediablente?– es el único espacio que garantiza su propia autogobernabilidad. Lo grave es que a la vocación de Chirolita de Mariotto se contrapone en exacta simetría la comodidad en la que CFK desempeña el rol de ventrílocuo de todos sus funcionarios. Los llama "Trabajo" (en vez de ministro o simplemente Tomada), "Industria" (en vez de secretaria o Débora) o los reta en público como a su vice Amado Boudou, a quien conminó "cuidado con lo que hacés", como a un chico al que se deja un rato solo en su casa y no como dos profesionales, presidente y vicepresidente de un país, alternándose en la ejecución de un plan específico.Aunque por su bajo perfil no se asumiría como Chirolita, ese rol juega el ministro de Economía, del que casi se desconoce su voz y mucho más su visión de la inflación, el control de las importaciones, las estadísticas del Indec, todas cuestiones que le parecen ajenas a Lorenzino. Empecinada en mantener el centro de la escena (ya sin Aníbal Fernández como actor secundario siquiera), CFK escribe el libreto plagado de definiciones y no exento de humor, marcando los tiempos propios del discurso y dejando lapsos para que sus Chirolitas digan su "bolo", pequeñas intervenciones que realzan la figura y la inteligencia de la mandataria."Acá no se silva a nadie", dijo– retando a los presentes durante el discurso del miércoles– cuando aludió sin mencionar al gastronómico Barrionuevo, el recontra-alcahuete ahora recontra-opositor. Pero más allá de las formas, les pasó el felpudo a Macri (vetador serial, le dijo), a los gerentes que ganan mucho, a los empresarios que no saben defender sus posiciones en paritarias y a todo el que ose cuestionar las políticas oficiales. Casi a la pasada de su intervención para anunciar aumento de jubilaciones, aludió a la pérdida de competitividad de las empresas argentinas e inventó una nueva categoría: competitividad con inclusión social y no por salarios bajos, como si no fuera precisamente eso lo que más disfrutó el kirchnerismo en sus inicios: salarios bajos en dólares tras la megadevaluación y buenos precios internacionales de nuestros productos por ese mismo dólar alto. Ocho años pasaron bajo la órbita K sin que se hiciera nada para ganar competitividad más allá del tipo de cambio (que se fue deteriorando para los exportadores) y los salarios bajos (que fueron recuperándose). Alguien debería decirle a Missis Chasman que llevan ocho años en el gobierno, pero seguramente no será Chirolita. Ya se sabe, los muñecos de los ventrílocuos tienen cabeza de madera.

