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La mala palabra

En nuestro bendito país pagamos más caros la ropa, la electrónica, las zapatillas, las gaseosas, y hasta –increíblemente– los alimentos producidos con las materias primas que cultivamos. Roxana Acotto.

21 de agosto de 2011 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
La mala palabra

"C ompetitividad es una palabra horrible, cacofónica, deberíamos encontrar otra que designe la forma de tener cada vez mejores productos que los extranjeros, a precios más baratos", explica Rodolfo Terragno, el político que precisamente cree que deberíamos formar un Consejo Nacional para la Competitividad. Nada más lejos de la agenda del revalidado gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. No sólo los funcionarios no hablan de esa "mala palabra" sino que hasta la oposición y el resto del arco político no encuentran la forma de presentar que nuestra sistemática pérdida de competitividad es –al menos– tan grave como el problema inflacionario que para el ministro-candidato Amado Boudou no existe. Estamos tan horribles en los rankings de competitividad que en la región sólo está peor la Venezuela de Chávez que –sentada sobre la cuenta petrolera que mal explota PDV– puede olvidarse de la competitividad de los pocos y malos productos que produce su país. Chile (25), México (38), Perú (43), Brasil (44) y Colombia (46), anteceden a Argentina (55) y Venezuela (59), la última en un ranking de 59 países. Valga decir que estas mediciones de competitividad (en verdad una palabra fea) no son de ningún endemoniado organismo conquistador sino el resultado de métodos que miden los valores de los precios de los productos que pagamos en Argentina y en el resto de los países. En nuestro bendito país pagamos más caros la ropa, los artículos electrónicos (incluso los made in Tierra del Fuego), las gaseosas, las zapatillas, y hasta –increíblemente– los alimentos producidos con materia primas que cultivamos.Nuestras empresas son cada vez menos competitivas y desde el Estado no se observa el tema como un problema. Enfrascados en un régimen de sustitución de importaciones de los más diversos rubros, parecemos volver a creer que un mercado interno de sólo 40 millones de personas puede sostener este proceso.Lo cree el Gobierno y lo cree el 50,07 por ciento de los electores que emitieron un voto válido el domingo pasado. ¿Tendrán razón?