El fantasma de los Patacones
Los números fiscales de 2012 no dan mucho margen de optimismo para este año, al menos en el terreno de las cuentas públicas en un país en el que cada vez más empresas y sectores completos se controlan directa o indirectamente con decisiones políticas. Roxana Acotto.
Los números fiscales de 2012 no dan mucho margen de optimismo para este año, al menos en el terreno de las cuentas públicas en un país en el que cada vez más empresas y sectores completos se controlan directa o indirectamente con decisiones políticas. Bien medido, el déficit entre lo que el Estado nacional recauda (y recauda como nunca antes en su historia) y lo que gasta (ídem) redondeó los 55.500 millones de pesos el año pasado, un crecimiento del 81 por ciento sobre 2011.Aun calculado como le gusta al kirchnerismo, en 2012 volvió el déficit primario (incluyendo la caja de la Anses y las ayudas del Banco Central) por primera vez en 16 años. Si viviera Néstor podría decir que hubo déficit, sí, "pero poquito".La verdad es que con una presión fiscal que algunos ya estiman superior al 35 por ciento del PIB contando los tres niveles de recaudación, tras 10 años de gestión, el modelo K ingresó, en materia de cuentas públicas, en un callejón de difícil salida. Si "ajuste" es una palabra prohibida y nadie tiene vocación de "sintonía fina" (AySA, Aerolíneas Argentinas y Fútbol para Todos son apenas tres botones en la larga sotana de ejemplos), el pato de la boda está señalado: las provincias. Con particular énfasis en los distritos no afines al modelo y con gobernadores con alguna aspiración política.La pulseada con los docentes en la provincia de Buenos Aires parece apenas un anticipo de lo que podría sufrir Daniel Scioli frente al próximo medio aguinaldo. Es más: algunos conjeturan que la situación financiera del mayor distrito nacional no llega a junio y "hociquea" en mayo. La alternativa de "venderle el alma al diablo" para salir del atolladero implicaría que el gobernador renuncie a sus aspiraciones políticas.El otro camino ya fue transitado y nadie quisiera volver a él: las cuasimonedas, la última forma que tienen las provincias de afrontar sus desfases cuando la Nación no quiere (o no puede) ir a socorrerlas. Llegar a ese punto tendría un emergente económico y una dimensión política donde Nación y provincias (y sus habitantes, claro está) saldrían muy dañados. Como el escorpión que pica a la rana en medio del río...

