El mercado de las dos Argentinas
La comparación de los últimos años del mercado laboral es muy positiva: desde 2003 se crearon 2,8 millones de empleos. Paula Martínez.
La comparación de los últimos años del mercado laboral es muy positiva: desde 2003 se crearon 2,8 millones de empleos, la desocupación cayó de 20,4 a 7,5 por ciento y dos tercios de los nuevos puestos son formales. Sin embargo, estos números globales encierran dos realidades muy distintas. Por un lado, están los asalariados "en blanco", con acceso a obra social y jubilación y que también se benefician con los aumentos que logran los gremios. Además, los privados podrían obtener otra mejora si, eventualmente, se aprueba la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas.En el otro extremo, en cambio, se ubican los trabajadores informales, el 35 por ciento entre los asalariados. Este sector queda al margen de los beneficios sociales y los aumentos que logran los sindicatos.Estas dos caras opuestas muestran un mercado laboral segmentado, con pocas posibilidades de integración. Por más que aumente la demanda de empleo, siempre van a haber pedidos insatisfechos porque quienes no están "en blanco" no cubren esos requerimientos. El sector privado formal no sólo tiene beneficios sociales, sino que es menos vulnerable a la crisis. Según SEL Consultores, la desocupación hoy es inferior a cuatro por ciento y era de 8,3 por ciento en 2003 (frente a 7,5 y 20,4 por ciento total). Las distintas realidades laborales se reflejan en el espejo social. Según el Indec, 40 por ciento de los argentinos gana menos del salario mínimo (1.700 pesos) en su ocupación principal. Además, 30 por ciento de las familias recibe menos de 2.150 pesos (la canasta de alimentos de La Voz del Interior es de 1.500). En este grupo vulnerable, sólo está el 15 por ciento de los asalariados formales. El resto, son cuentapropistas sin capital, empleadas domésticas, trabajadores "en negro" o desocupados.Es evidente que el crecimiento (ocho años casi ininterrumpidos) no es suficiente para acercar estas dos realidades. Las políticas deben ir orientadas a otro lado, y la educación aparece como un punto fundamental en este camino.

