El costo del desendeudamiento
Paula Martínez.
El "desendeudamiento" es uno de los logros económicos que muestra con mayor orgullo el Gobierno nacional. Más allá de ciertas consideraciones respecto a su crecimiento nominal, lo cierto es que el peso de la deuda pública sobre el producto interno bruto (PIB) se redujo en forma sustancial. Hoy, los vencimientos son, sin duda, más manejables, producto del canje de 2005 y 2010.Pero, además de este manejo del endeudamiento, las autoridades argentinas tuvieron en los últimos años una política deliberada de ignorancia de los mercados internacionales de crédito. No sólo se minimizó el castigo mundial a la Argentina con elevadas tasas de interés, sino que tampoco se ahorraron críticas a la comunidad financiera por su calificación de Argentina e incluso se llegó a decir que los operadores de los mercados quieren hacer "negocios" endeudando al país.Opiniones aparte, la realidad es que hoy la situación financiera mundial es más que beneficiosa para quien quiera emitir deuda (sobre todo para los emergentes, ajenos a la crisis) pues las tasas de interés están en sus mínimos históricos y tienden a cero. En este escenario, Uruguay acaba de tomar 500 millones de dólares al 4,125 por ciento anual a 33 años; el mes pasado, Bolivia colocó un monto similar al 4,875 por ciento a 10 años y, en septiembre, Brasil emitió 1.250 millones de dólares al 2,635 por ciento con vencimiento en 2023 (no fue la primera, pero sí la más barata de Dilma Rousseff).Con este dinero sumamente barato, nuestros vecinos van a realizar obras o refinanciar deudas en condiciones inmejorables.Si quisiera, Argentina podría aprovechar estas extraordinarias condiciones internacionales para financiar una masa de obras de infraestructura (de transporte, vivienda, energía, tecnología) que apuntalen el desarrollo. Provincias, municipios y empresas también se beneficiarían.Sin embargo, la decisión es otra muy distinta. Sus acciones (entre ellas, no arreglar con el Club de París) la llevan a tener un elevado costo de endeudamiento (los bonos en dólares de largo plazo rondan el 10 por ciento), al cual tomar dinero es inviable. Es un costo en oportunidades perdidas que hoy no se mide, pero, indudablemente, impacta en nuestras posibilidades de desarrollo.

