Contra las cuerdas
Las últimas semanas siguieron mostrando los emergentes de una creciente violencia social en la que lo individual o sectorial se enfrenta, se opone y quiere imponerse a lo colectivo y lo social. Roxana Acotto.
Es cierto que el gobierno kirchnerista ya vivió otros momentos de alta conflictividad. De hecho, el conflicto permanente es parte de su credo: inventando al enemigo, alejando al “otro”, a la “corpo”, a la “opo”, fueron construyendo una identidad propia, a imagen y semejanza de tantos otros regímenes más o menos hegemónicos en este ancho mundo. Pero, ya se sabe: se puede estar peleando con pocos durante mucho tiempo o con muchos durante poco tiempo... Lo que no se puede es luchar contra muchos todo el tiempo.
Las últimas semanas siguieron mostrando los emergentes de una creciente violencia social en la que lo individual o sectorial se enfrenta, se opone y quiere imponerse a lo colectivo y lo social.
El paro de la UTA de esta semana fue quizá el más visible, pero no el único ejemplo de una puja intersectorial en la que poco importa el otro. Paros en la Anses, con turnos dados a personas que vienen de lejos; paros (disfrazados de asambleas) en la Municipalidad de Córdoba y en los bancos...
El Gobierno nacional luce tan aturdido como el boxeador “Maravilla” Martínez al final de la pelea que perdió aun ganando. La Presidenta se ríe, hace cuernitos, se burla como los boxeadores que niegan con la cabeza para disimular que están “cobrando” parejo.
Ninguno de los talentos (reales o fingidos) que le permitieron al Gobierno transcurrir con éxito los primeros 10 años ( rounds ) parecen ser efectivos frente al malhumor social y el agotamiento de un modelo económico hecho de retazos de ideas y mucha buena suerte.
Al cerrar el décimo “asalto”, CFK y su inalterado staff lucen cansados y maltrechos. El consumo no repunta; la venta de inmuebles, tampoco; la inversión desapareció, y el dólar blue “ninguneado” se pavonea cerca de los 10 pesos.
Ojo: los rivales políticos del Gobierno saben que algo similar pasó en el round de 2009, pero luego CFK (ya viuda) supo recomponerse y volver a dominar el centro de la escena.
La lección ha sido aprendida y la oposición ya se plantea un objetivo peligroso para el kirchnerismo: ir por la presidencia de la Cámara de Diputados después del recambio de diciembre, si las urnas lo permiten. Así, el cierre del año puede ser para el Gobierno más nefasto de lo pensado: si una derrota electoral corona el año, quedarán aún dos rounds para pelear, en un escenario muy adverso.
La recuperación del kirchnerismo campeón parece, al menos hoy, muy difícil.

