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Una lechería con menos vacas

Contraste: mientras el rodeo nacional acumula pérdidas, Nueva Zelanda lo duplicó en los últimos 20 años.

28 de enero de 2011 a las 12:02 a. m.
Lucas Tossolini (Especial)
Una lechería con menos vacas

Durante 40 años, la Argentina ha experimentado el cierre continuo de establecimientos de producción primaria de leche e incluso la pérdida de rodeo lechero. Entre 1970 y 1990, las vacas en ordeñe cayeron un 40 por ciento; luego, durante los años 90 se recuperaron un 22,5 por ciento, pero con la crisis de 2001-2002 la reducción de existencias comenzó nuevamente y hacia 2010 acumuló una pérdida del 14 por ciento. En el año en curso, la estimación de vacas en ordeñe no se aleja demasiado del punto más bajo de la serie a inicios de los 90. Comparativamente, Nueva Zelanda mostró un incremento de su rodeo lechero del 100 por ciento en 20 años. Menos tambos. En cuanto al número de tambos, entre 1995 y 2009 cayó un 43 por ciento. Los incentivos que jugaron en contra de la producción láctea fueron diversos a lo largo del tiempo, desde problemas por los bajos precios durante los 90, hasta la competencia generada por la agricultura luego del boom de los precios de las commodities durante los 2000, pasando por algunos años, a mediados de esa década, en los que las políticas estatales jugaron directamente en contra del sector. Como paradoja de esta realidad, la producción nacional primaria de leche se ha incrementado sustancialmente. Desde 1990 aumentaron un 65 por ciento los litros producidos, siendo el período de mayor crecimiento el de 1992-1999 con una tasa anual promedio de seis por ciento durante siete años; luego de una caída entre 2000 y 2003, la producción se recuperó llegando nuevamente a los niveles de 1999. Más leche. Estos hechos indican que los litros de leche producidos por cada establecimiento han aumentado a lo largo de los años, lo cual puede ser explicado por dos motivos: aumento de la escala (incremento del número de vacas por tambo) y mejoras en la productividad (incrementos de los litros producidos por vaca). Cabe suponer también una mayor eficiencia promedio de los tambos, dado que los que perduraron lo hicieron a costa de fuertes recortes de la rentabilidad en varios períodos. El 2010 fue un año de recuperación para la actividad. En cuanto al precio de la leche cruda, luego de algunos meses de incertidumbre a fines de 2009, escaló algunos peldaños desde principio del año pasado. En el primer trimestre, algunas restricciones de oferta típicas de la temporada de verano motivaron que las empresas pagaran un precio mayor por litro de leche. El incremento continuó hasta julio, cuando la normalización de la oferta minó los incentivos de la industria a otorgar mayores precios.Sin embargo, el valor se estabilizó alrededor de los 33 centavos de dólar por litro y en diciembre fue un 40 por ciento mayor que en igual mes de 2009. De este modo, los productores encontraron nuevamente incentivos en la actividad y se volcaron a mantener y/o incrementar su rodeo. Un indicador de esta situación es el aumento de la valoración de las vaquillonas de reposición, cuyo precio se incrementó sostenidamente desde enero (un 85 por ciento). En el gráfico adjunto es visible que el precio de las vaquillonas se incrementa cuando mejoran los ingresos de los productores. Estos renovados incentivos hacen que, a mediano plazo, sea esperable que la producción crezca, aunque no por la apertura de nuevos tambos sino más bien por incrementos en la escala y/o por nuevos desarrollos tecnológicos que propicien aumentos de la productividad. Restará esperar que para este 2011 la industria láctea esté dispuesta a pagar precios que se ajusten al incremento de costos que viene sufriendo el tambo y el productor pueda mantener la rentabilidad lograda durante 2010, para permitir nuevas inversiones que consoliden el aumento de la producción.El autor es economista del Instituto de Investigaciones Económicas de la Bolsa de Comercio de Córdoba. [email protected]