A tomar la leche con Capitanich y Narizota
El jefe de Gabinete insiste en que la lechería crecerá hasta 2020. Sin embargo, por la intervención oficial, lleva más de 10 años de estancamiento.
Mientras todos los caminos conducen a que la producción de leche cerrará el año con uno por ciento por debajo de 2013, en el mejor de los casos, el Gobierno nacional sigue insistiendo en el relato de que el sector crecerá hasta 2020. Así se los hizo saber esta semana el jefe de Gabinete de la Nación, Jorge Capitanich, durante una reunión con los representantes de la Junta Intercooperativa de Productores de Leche, entidad que agrupa a las principales cooperativas lácteas del país. Pero sucede que la lechería argentina viene estancada desde hace más de una década en su nivel de producción, y no hay muchas razones como para esperar un cambio de esa tendencia, al menos en el corto plazo.Es que la política oficial hacia el sector difiere mucho de los objetivos que el propio Ministerio de Agricultura de la Nación plasmó en los papeles del Programa Alimentario 2020. En ese contenido figura la meta de lograr a finales de la presente década una producción de 16.500 millones de litros de leche año. Para ello se deberá aumentar el rodeo de vacas lecheras en 700 mil cabezas: pasar de 1,8 millones a 2,5 millones de ejemplares.
Incongruencia
Si bien la potencialidad del sector está intacta, las posibilidades de alcanzar esos objetivos con las actuales políticas se asocian más a una quimera.
Desde hace más de una década, la producción nacional de leche está estancada en alrededor de 11.500 millones de litros.
Con una demanda interna cerca del techo, la salida que conduce al crecimiento del sector es la exportación. Sin embargo, el cóctel que conforman las regulaciones internas y la caída en el precio internacional le quitaron incentivo al negocio.
En lo que va del año, la cotización de referencia para la leche en polvo se redujo a la mitad: pasó de cinco mil dólares la tonelada a 2.500 en la actualidad. En su momento, cuando llovieron los mejores precios, la lechería argentina tenía un tenedor para recogerlos: una menor producción, debido al clima, le impidió materializarlos.
Si bien todos en la cadena láctea saben que la única forma de crecer en producción es con un mejor precio por la materia prima, las dificultades para colocar los excedentes reducen ese incentivo.
En los primeros ochos meses del año, los envíos al exterior de productos lácteos cayeron 2,3 por ciento respecto de igual período de 2013. El resultado: el precio al productor permanece sin cambios, agravado por su deterioro dentro de un contexto de costos crecientes.
Con esa perspectiva, la lechería tiene poco margen para crecer.
Mientras las miradas oficiales sigan puestas en cuidar el abastecimiento interno, que nunca estuvo en riesgo, el desarrollo del sector seguirá estando sólo en los papeles. O en el relato del jefe de Gabinete.

