La maquinaria la aceleran, pero no le ponen ruedas
Las idas y vueltas sobre la continuidad del bono fiscal hicieron que muchas fábricas de maquinaria agrícola dejaran de tenerlo en cuenta.
En los últimos años, la ayuda había adquirido características de lastre. Además de estar pendiente de su prórroga, todos los 31 de diciembre, los fabricantes de maquinaria agrícola debían peregrinar el resto del año por las reparticiones públicas para su devolución. Así es la vida del bono fiscal, una compensación efectuada por el Gobierno, equivalente al 14 por ciento del precio para los bienes de capital de industria nacional.
Más allá de la amenaza reiterada del Gobierno de eliminar el reintegro y sustituirlo por otro mecanismo de promoción que no le generara tanto impacto fiscal, nunca se oficializó su discontinuidad. Ni por acción ni por omisión. Durante el año pasado, el beneficio repartió más de 3.500 millones de pesos entre todos los fabricantes nacionales.
El último día de 2014, como venía ocurriendo desde su puesta en vigencia en 2001, el sector de la maquinaria agrícola esperaba un nueva prórroga del instrumento. Había necesidad de saber si el beneficio iba a continuar o, por el contrario, fenecía y dejaba de tener efecto en el precio final de los equipos.
La respuesta oficial no fue inmediata. No hubo resolución que confirmara su continuidad, ni tampoco lo contrario. Ante esa incertidumbre, y en un contexto inflacionario, muchas empresas decidieron no hacer más el descuento. Mientras esperaban que desde el Ministerio de Industria se pusiera al tanto con la mora en el pago, que en algunos casos llega hasta el año.
El régimen de promoción también incluye un diferencial impositivo, entre el IVA que se paga por la compra de los insumos para la fabricación de los implementos (del 21 por ciento) y el que perciben los industriales (10,5 por ciento) por la venta del producto terminado. Eliminado el bono también queda sin efecto este régimen impositivo.
Pero luego de tres meses de su vencimiento, el bono resurgió pero sólo por seis meses. Hasta el 30 de junio y con efectos retroactivos al primer día de 2015.
El decreto 451, firmado esta semana por la Presidenta, lo puso otra vez en vigencia. El método no era novedad, el año pasado había ocurrido lo mismo. Su prórroga se conoció recién en junio, también por seis meses y con efectos retroactivos al 1° de enero. En ese momento, también muchas empresas habían dejado de practicar los descuentos. Lo raro es que entre julio y diciembre no hubo ninguna comunicación oficial respecto a su continuidad.
A partir de estas idas y vueltas, muchos empresarios ya dejaron de considerar al mecanismo de fomento. Es que si a la mora en el cobro del bono se le suma su falta de previsibilidad, sus efectos quedan en el camino.
Las expectativas de los fabricantes siguen puestas en el movimiento que puede generar en las ventas las líneas de crédito del Banco Nación y la que ofrecen 25 entidades privadas, con tasas de interés muy por debajo de la inflación.

