Negocio. Ganadería en tensión: entre un ternero firme y un novillo que no acompaña
Con la zafra de terneros recién iniciada y un mercado que muestra firmeza selectiva, productores y consignatarios ajustan estrategias. La relación invernada-consumo condiciona al feedlot, mientras la cría vuelve a ganar protagonismo como refugio estratégico
El mercado ganadero argentino transita un momento de claroscuros. Hay valores sostenidos, buena demanda por calidad y señales alentadoras desde el escenario internacional, pero también márgenes estrechos que obligan a repensar esquemas productivos.
En este escenario, el productor ya no puede mirar sólo el precio absoluto de la hacienda: la clave está en la relación entre categorías y en la estructura interna del planteo.
Carlos Accornero, productor ganadero del establecimiento El Socorro, trabaja en la zona de Alejandro Roca, en el departamento Juárez Celman (en el centro sur de la provincia) bajo un sistema de ciclo completo dividido en dos unidades: cría, por un lado; y recría más engorde a corral, por otro. Sin embargo, el actual contexto de precios lo llevó a revisar el equilibrio del negocio.
“Estamos haciendo el análisis de la proyección para lo que es recría y engorde, y la verdad es que con estos valores de invernada el negocio está muy complejo y muy vidrioso”, señaló a La Voz. El dato central es que cerca del 90% de los animales que engorda son comprados a terceros. Sólo un 10% proviene de su propia cría.
Con un ternero que ronda los $ 7 mil por kilo y un gordo en torno a los $ 5 mil, la ecuación se ajusta peligrosamente para quien debe comprar hacienda. “El número no es muy satisfactorio y no nos está cerrando como para arriesgar esa rentabilidad ante una situación que no sabemos en qué va a terminar”, explicó Accornero.
La relación compra–venta se vuelve determinante. Cuando el ternero se afirma y el gordo no acompaña con la misma intensidad, el margen del feedlot se comprime. Y si, además, la mayor parte de la reposición es comprada, el riesgo se amplifica.

Frente a ese escenario, la estrategia que analiza es clara: fortalecer la base de cría. “La idea sería agrandar el rodeo en campos relativamente marginales y poder abastecernos entre un 30% y un 50% de los terneros que recriamos y engordamos por año, de marca propia”, detalló. El objetivo es reducir la dependencia del mercado de invernada y asegurar volumen propio para el corral.
La decisión no es coyuntural, sino estructural. Incrementar la cría implica capitalizarse en vientres, asumir un horizonte de largo plazo y aceptar que el retorno no es inmediato. Pero también significa mayor integración y menor exposición a la volatilidad de la reposición.
En paralelo, el clima también jugó su papel. “No hemos pasado una temporada muy buena en lo que respecta a lluvias y tuvimos que salir a suplementar el rodeo de cría para que la vaca no pierda condición corporal y mantenga el ternero que está criando y pueda entrar nuevamente en la preñez”, afirmó el productor. En cría, la condición corporal es el corazón del negocio: si cae la preñez, cae la fábrica de terneros y se compromete el flujo futuro.
La puja por los terneros en la zona invernadora
Del lado comercial, Roberto Mondino, titular de la consignataria Alfredo S. Mondino, describió un mercado activo, pero exigente. “El mercado está firme. Recién está empezando la zafra y cuando aparecen lotes definidos, con buena genética y calidad, el precio dispara”, afirmó.
En invernada, la calidad es el factor decisivo. El ternero de 170 a 200 kilos con buena genética encuentra salida para recría a campo. El macho y hembra de 230 a 280 kilos es buscado por el feedlot para optimizar números, mientras que el novillito de 300 kilos hacia arriba lo absorbe la industria exportadora. “Cuando aparece la calidad y hay plazos, se dispara el precio. Es una tendencia que va a seguir”, sostuvo Mondino.

La firmeza selectiva se explica, en parte, por la oferta. El empresario explicó que la zafra recién comienza y todavía no hay volumen pleno en el mercado. En ese contexto, cada lote destacado genera competencia. El criador que invirtió en genética y uniformidad hoy captura ese diferencial.
“Estamos viendo que el criador está poniendo mejores toros, tratando de hacer rodeos más homogéneos, mejorando año a año”, agregó el consignatario. La profesionalización de la cría no es casual: cuando el ternero es protagonista, la calidad se transforma en herramienta comercial.
En el mercado de gordo, la dinámica es más compleja. La hacienda liviana destinada al consumo muestra subas, pero no por expansión de la demanda, sino por restricción de oferta. “Hoy el precio no sube porque haya más consumo, sino porque hay poca oferta”, explicó Mondino. La escasez sostiene valores, aun en un contexto de consumo interno limitado.
Exportación y la conversión de maíz
Para la exportación, en cambio, el panorama es más ajustado. “Los frigoríficos nos dicen que el número está malo, el tipo de cambio no acompaña. Hoy conviene vender al consumo interno y no exportar”, señaló. Aunque el mundo demanda carne y existen oportunidades externas, la competitividad depende del esquema macroeconómico.
De todos modos, el consignatario ve un trasfondo positivo. “Es un muy buen momento de la ganadería, con precios que acompañan y el mundo cambiando. Hoy la carne bovina se ve como proteína y hay países donde está faltando oferta”, remarcó. La escasez global de carne sostiene expectativas de mediano plazo, aun cuando la coyuntura cambiaria limite el impacto inmediato.
En este contexto, el invernador con maíz propio encuentra una ventana interesante. “El que tiene su maíz y lo transforma en carne tiene una relación muy favorable. Hoy lo que sirve es meter kilos”, aseguró Mondino. La ecuación maíz–carne se presenta atractiva para quienes integran agricultura y ganadería.
Sin embargo, no todos los sistemas son iguales. En el sur de Córdoba, donde la producción agrícola es fuerte, el maíz y los planteos mixtos permiten capturar parte de esa ventaja. En zonas más marginales, la apuesta pasa por eficiencia forrajera y manejo reproductivo.
Accornero resume la mirada prudente que atraviesa al sector. “La ganadería es una inversión a largo plazo y hay que tener los pies sobre la tierra. Tenemos un futuro prometedor, pero no está todo dicho”, sostuvo. El calendario político y la historia reciente invitan a tomar decisiones con cautela.
De esta manera, el mercado muestra firmeza, pero no generalizada. La calidad marca diferencias, la relación ternero–gordo define márgenes y la integración productiva aparece como herramienta defensiva. La cría gana terreno como refugio estratégico, mientras el feedlot exige mayor precisión financiera.
Según la Cámara Argentina de Feedlot, la foto del negocio es hoy negativa. En febrero, el resultado económico por animal engordado, con el costo financiero incluido, tiene un rojo de $ 105.477, antes del pago de los impuestos nacionales y provinciales.
Para el productor, la decisión no pasa sólo por producir más, sino por producir mejor y con menor exposición al riesgo. En un negocio biológico, donde los ciclos son largos y las inversiones pesan, la lectura fina del mercado se vuelve tan importante como el manejo del rodeo.


