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La soja y un mercado de semillas al ritmo del subibaja

Mientras Bayer decidió retirarse del negocio en el país, otras empresas desembarcan con nueva tecnología.

08 de agosto de 2021 a las 12:02 a. m.
La soja y un mercado de semillas al ritmo del subibaja
NUEVA GENERACIÓN. Luego de una década de presencia en el mercado nacional con la soja Intacta, Bayer decidió suspender el negocio de semillas de la oleaginosa en el país. (La Voz).

En agosto de 2014, unos 25 kilómetros al noroeste de Indianápolis y camino a Chicago, un campo experimental de la compañía estadounidense Dow exhibía las sojas del futuro.

Se trataba del sistema Enlist, una herramienta biotecnológica que combina variedades resistentes a una nueva formulación de 2,4 D para aplicar en posemergencia, glifosato y glufosinato, que iba a hacer su debut en el mercado estadounidense en la campaña siguiente.

En Argentina, como tercer productor de soja del mundo, las expectativas estaban puestas en que la tecnología hiciera su desembarco en el ciclo agrícola 2016/2017. Sin embargo, su ingreso se vio postergado.

Tres años antes de aquel momento registrado en el estado de Indiana, la empresa Monsanto –hoy Bayer– lanzaba en el país su tecnología Intacta RR2, la versión mejorada de la genética resistente a glifosato, que había debutado en el país en 1996.

Una versión plus del herbicida, y con resistencia para el germoplasma contra el ataque de lepidópteros (cultivos BT), la convertía en un salto tecnológico, en especial para las siembras en el norte del país, más propensas al ataque de insectos.

Sale una, entra otra

Sin embargo, la próxima campaña de soja encontrará a ambas soluciones tecnológicas en direcciones opuestas. Mientras Corteva –la empresa fundada a partir de la fusión entre Dow y Dupont– se apresta a comenzar a vender en el país su sistema Enlist, Bayer decidió retirarse del negocio de semillas para la oleaginosa.

Luego de una década de vida útil, la compañía alemana resolvió suspender la comercialización de su biotecnología Intacta para soja. Si bien su grado de penetración fue masivo en el norte argentino, su escaso interés en la región pampeana (donde los ataques de insectos no se manifiestan) hizo que la compañía decidiera suspender la inversión y direccionarla en otros proyectos. Por ejemplo, el maíz, en el que la tecnología BT tiene un alto grado de adopción en el país y su renovación se produce cada dos años.

La determinación de suspender el negocio de soja en la Argentina también se hizo extensiva a Asgrow, la marca comercial que pertenecía a Monsanto y que hacía de paraguas para sus variedades de germoplasma.

Desde la empresa, aclaran que la determinación se debe a cuestiones de rentabilidad del negocio y que no obedece a ninguna situación política vinculada con la falta de una ley de semillas que promoviera el pago por el uso de la biotecnología.

Es más, aseguran que Bolsatech –el sistema de información y verificación del uso de tecnología y variedades de semilla creado en 2015– cumplía con garantizar esos derechos de propiedad. Incluso, aseguran que su estructura puede ser utilizada por otras compañías que decidan cobrar las regalías por el uso del material genético.

El mercado de la soja en Argentina tiene una escasa dimensión para la semilla fiscalizada. En la campaña 2019/2020, la última registrada por el Instituto Nacional de Semillas (Inase), de las 14,9 millones de hectáreas implantadas con soja, sólo 30,1 por ciento fueron semilla fiscalizada. A pesar de la reducida participación dentro del total, se trata del mayor porcentaje desde la campaña 2013/2014.

Estancada desde hace varios años, la productividad de la soja es el gran desafío que tendrán por delante las futuras proveedoras de genética. Pero advierten que para ello necesitarán el respaldo de un sistema normativo que les garantice la inversión, por el que vienen trabajando desde hace varios años. De lo contrario, la disponibilidad de tecnología seguirá en el subibaja.