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Entrevista con Edda Díaz: su mundo de libertad

En Los locos Grimaldi, la actriz es la madre de Nazarena Vélez, personaje en el que pone la cuota de humor y el largo oficio con que alimenta su vida.

04 de enero de 2014 a las 06:26 p. m.
Entrevista con Edda Díaz: su mundo de libertad
Edda Díaz interpreta a la madre de Nazarena Vélez en 'Los locos Grimaldi'.

"Yo soy alondra, de levantarme temprano. Todo el año, a las 6.30, arriba, para ir a grabar Farsantes en Don Torcuato, que es bien lejos. Yo vivo a 15 cuadras del Obelisco. Pero no me quejo porque me gusta mi trabajo y mi compañero me sostiene", dice Edda Díaz, instalada en Villa Carlos Paz, donde integra el elenco de Los locos Grimaldi.

La actriz pone su experiencia al servicio de Francesca, la exesposa de Don Doménico (Ranni), madre de Dora (Nazarena Vélez) y Susana (Georgina Barbarossa). Cuenta que junto a su marido, que es artista plástico, le ponen color al departamento blanco inmaculado que le asignaron para la temporada. Se la escucha serena y feliz.

"Francesca es una buena mujer, aunque parezca mala. Es tremendamente egoísta. La vi como a una persona capaz de mentir pero, también, de pedir perdón. No quise hacer una malvada, no quise hacer un rol, sino una persona creíble. Me interesa que la gente sienta que existe, y no la idea de que no puede haber una mamá así. La veo frívola, le importa el dinero, vestirse bien. Y es ingenua, porque no se da cuenta de que el abogado es un chanta (El Negro Álvarez). Me divierte ese cóctel", dice Edda, que tomó el guion sin acotaciones, lo cual deja a cada actor hacer su personaje como lo entiende.

"No creo en la maldad, creo que la gente que es mala es porque está loca, algo falla en su cabeza, está enferma. Y sí, conmigo no existirían las cárceles, sino rehabilitaciones de verdad. Soy Acuario. La idea de las rejas me pone mal. Siento empatía y compasión por las personas. Entonces tengo que enamorarme de mis personajes para hacerlos. Sentir que sus razones son más poderosas que cualquier otro razonamiento del mundo, que desde su locura o aquello que los impulsa son tremendamente auténticos", explica.

Y el tema lleva a Edda a plantear su idea sobre la teatralidad: "Es un buceo profundo que continúa en todas las funciones. Más allá de que la gente se ría o llore por lo que hago, me preocupa que crea que eso que está ocurriendo es verdad. Una de las cosas lindas que me pasó este año es que la gente dijera que le pasaba cosas con mi personaje de Farsantes. Se olvidan de que soy yo cuando ven ese personaje de bondad, la tía Cuca. Es un halago superior".

Cuca, su personaje, no entiende cómo pueden odiarse tanto dos hermanos. Días atrás, un capítulo mostró un diálogo en el que expresa su gran dolor con respecto a la relación irreversible entre Graciani (Julio Chávez) y su hermano Miguel (Mario Pasik).

"Es una situación que se da en las familias: hermanos que han sido muy unidos y que en la adultez se separan con mucho rencor", dice Edda.

En caída libre

Con respecto a los vínculos de

Los locos Grimaldi

y aquel reflejo, el de

Los Campanelli

, éxito en el que Edda participó, señala: "Éstos son

Los Campanelli

del siglo 21, donde ya el padre no puede gritar que no quiere oír \'ni el volido de una mosca\', porque lo tienen empastillado. Y aparece su exmujer... Es graciosa la situación. Y sobre todo, con muy buenos actores. ¡Georgi me mata!", dice Edda, que juega una escena con Barbarossa que roza el riesgo físico, cuando ambas ruedan por las tablas. La actriz agrega: "El cuerpo tiene que responder. He muerto varias veces en escena".

Luego grafica momentos de riesgo de su carrera en los que moría, por ejemplo, estrangulada. "Era un paso de ballet impresionante que exigía entrenamiento. Además le ponía mucha emoción. Hay que tener mucha confianza en el actor que lleva la voz cantante. En el caso de Los locos Grimaldi, tengo mucha confianza en Georgina porque es ella la que si se descuida me lastima. Jamás me va a lastimar porque es muy consciente de lo que está haciendo. Es la cosa de la gente de teatro: sabés con los ojos cerrados que el otro va a estar ahí".

Edda es una maestra del unipersonal, capaz de sostenerse sola en escena, pero siente que es fascinante trabajar en equipo. Recuerda su último trabajo, al que llama "la golpeadita", la obra de Beatriz Mosquera, Mi reina amorcito corazón. La puso en escena cuatro años. "Es una mitómana. Miente una felicidad que no tiene. Ella siente vergüenza de decir que el marido le pega, hasta que toma la decisión salvadora de escaparse. Se va con sus dos nietos porque es fundamentalmente una cuidadora. Se va después de 25 años de soportar al golpeador".

Edda Díaz fue también una de las intérpretes de Póstumos, obra en la que José María Muscari eligió diez figuras muy populares que hacían de sí mismas. "Estábamos en una especie de limbo. Algunos personajes no admitían que estaban muertos. Mi personaje era el personaje feliz, el del triunfo de la vida sobre la muerte, como lo creo. Me sumergió en lo más profundo de mis convicciones. Lo que decíamos eran las respuestas que habían surgido de un reportaje que nos había hecho el director a cada uno. Aunque la obra hablaba todo el tiempo de la muerte, era un canto a la vida y a la profesión. Ninguno de los actores de la obra podrían haber vivido de otra cosa. Decíamos cosas crueles sobre nosotros mismos, como \'somos efímeros\'. Muscari me puso esa visión de la Edda \'eterna\', como un mito, porque la gente de su generación me ve así. \'No se muere más esta vieja\'", dice y se divierte.

El futuro

La actriz confiesa que no tiene idea de qué pasará este año: "Es lo maravilloso de la vida del actor. Nunca sabemos qué vamos a hacer. Numerológicamente estoy en un año 4, año del trabajo, año del Caballo. Creo que voy a trabajar como una yegua".

Con respecto al clima de trabajo en las grabaciones de Farsantes, Edda comenta: "Trabajar en Pol-Ka es el sueño de los actores. Valió la pena viajar para llegar al paraíso, con el camarín que da al parque. Todo está al servicio del actor. Me dijeron que hubo discusiones, pero yo no presencié nada. Quizás porque amo tanto la paz, siempre estoy preservada de aquello que pueda perturbar mi visión del trabajo. Soy una trabajadora obsesiva. Tengo conciencia de la plenitud de la vida. Como decía Simone de Beauvoir, \'la plenitud de la vida es ahora\'. Así lo siento. La vida no es correr y hacer cosas absurdas para llegar a una vejez de mierda. Es crecer, aprender a soltar hijos, rencores, amores. Entonces descubrís la verdadera felicidad y empezás a ser libre".

Con libro y dirección de Atilio Veronelli. Teatro del Sol (General Paz 250, Carlos Paz). Con Nazarena Vélez, Rodolfo Ranni, Georgina Barbarossa, José María Muscari, el "Negro" Álvarez, Edda Díaz, Miguel Ángel Rodríguez, Zaira Nara y Vico Dallesandro. Reservas, al teléfono (03541) 422-393. Entradas, desde $ 190 a $ 250, en boletería del teatro y a través de www.autoentrada.com.ar