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Un almuerzo cuestionado

Miradas opuestas al programa que Mirtha Legrand ofreció en un lugar inusual: el Teatro Colón.

05 de junio de 2010 a las 04:56 p. m.
Un almuerzo cuestionado
PICADA FINA. Choque de copas con Mauricio Macri.

A sus pies, rendido el ColónAyelén Hagge (Especial)Una diva hace lo que quiere, y Mirtha es y será la más diva de todas. Cuarenta y dos años de almuerzos alcanzan y sobran para justificar su lugar en la historia de la cultura nacional y una escala en el Teatro Colón era el broche perfecto para adherir a su ya indiscutible imagen de señora sofisticada. Mirtha rococó, Mirtha dorado a la hoja, alfombras rojas y cristalería fina, escoltada por los figurantes de turno de la política más afín a sus solemnidades.Mirtha, puro teatro, en la meca argentina del teatro lírico, hace y consigue lo que desea. A sus pies caen rendidas todas las polémicas y por ella se abren todos los portones con botones de guante blanco. Y cuando dice que los derechos de los homosexuales la tienen confundida, las señoras que quieren ser como ella en sus casas también empiezan a confundirse. Si pide que de vez en cuando dejen entrar a la gente de las villas al coliseo mayor, como gesto de apertura y generosidad debida, algunos cuantos que la admiran comenzarán a pensar que es justo y necesario que así sea. Chinchín.Mirtha espejo biselado con marco de plata, aporta desde su sillón de terciopelo el reflejo mejor pulido de una posibilidad inalcanzable para casi todos: almorzar con mozos, chef, servilletero y campanita. La posibilidad remota en un país inmenso, tan improbable como degustar canapés en el Salón Dorado o asistir a una gala en el Teatro Colón, un teatro al que la absoluta mayoría de los argentinos sólo podrán ver por televisión, como a "la Chiqui".Una picada finoli finoliDaniel SantosUna escena lamentable: Mirtha Legrand llevando sus almuerzos al Teatro Colón, sirviendo en bandeja de plata una entrevista al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, sin temas urticantes de esos con que –dicen– que "la Chiqui" incomoda a todos sus invitados, atragantados en medio de la comilona. Ella se dio el gusto de celebrar los 42 años del programa en el histórico edificio, recauchutado muchas menos veces que ella, y a poquísimos días de la fiesta de reapertura, para el Bicentenario.Después intentó deslizar en lo de Jorge Rial que no había ninguna motivación política en el hecho, que eso no significaba ser pro el PRO ni estar en contra del Gobierno nacional. Nada, sólo palabras vacías y estiradas. Lo que no se puede negar es que ella es consecuente con su historia y con su pensamiento: "Es un orgullo y es de todos. Qué bueno sería si, cada tanto, el Colón abriera sus puertas a una villa, por ejemplo". Más claro, echale champán. También le dijo a Macri que, gracias a él, "todo el país está en el Colón", por haberle permitido a la diva almorzar en el histórico edificio. En realidad, no fue almuerzo sino una picada fina que cayó un poco pesada, de la que también participaron otros funcionarios municipales.Los empleados del teatro criticaron el uso indebido del edificio; en la semana hubo denuncias al director de La bohéme, Hugo de Ana, por parte de los chicos de un coro. Mientras, de eso no se habla, y sólo resuena el glamoroso chinchín de la diva con sus amigos. Totalmente fuera de lugar.

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