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Qué pasó en el sexto episodio de “Historia de un clan”: perversiones

Repasamos cómo la sexta entrega de la miniserie sobre los Puccio. Cómo avanzó la trama, qué canciones sonaron, qué cabos sueltos dejó. Alerta de spoilers.

15 de octubre de 2015 a las 12:00 p. m.
Qué pasó en el sexto episodio de “Historia de un clan”: perversiones

Alerta: Si no viste aún el sexto capítulo de Historia de un clan (que ya se emitió por Telefe pero aún no en TNT ni en TNT Go), este texto tiene spoilers.

El sexto capítulo de Historia de un clan comenzó con un plano general hermoso, si es que le cabe ese adjetivo a algún momento de esta serie, en un paisaje plano de La Pampa, en el que las anatomías trabajadas de los hermanos Puccio contrastaban con el cuerpo curtido y flaco de Vilca, el albañil que los ayudaba a cavar un pozo en medio de la nada. Arriba, las nubes y el cielo azul, casi en un cuadro patrio.

Ese pozo fue el agujero negro en torno al cual giró este capítulo. Cada pala clavada en la tierra fue una sentencia de muerte para el habitante del sótano de los Puccio, Franco Rizzo, que en este episodio tuvo otra de esas charlas “instructivas” con Daniel Puccio (Nazareno Casero), que heredó el sentido del didactismo de su padre para explicar las peores cosas, como: “La cagada de tener mucha guita es que todo el mundo se entere”.

En ese pozo también cayó la guinda de rugby con la que jugaban los hermanos y Vilca, abducida por el vacío hasta que Alejandro saltó a rescatarla. Y allí se quedó, mirando el cielo, mordiendo la tierra, en una escena prodigiosa.

[video:https://www.youtube.com/watch?v=t1N9fG3bmf0]

Un momento de lo más delicioso sobre la hipocresía familiar fue el de la misa por Federico Olsen, el primer cautivo asesinado por Puccio y compañía. Mientras se escuchaba la voz del cura dando un sermón sobre las cualidades del ser humano, la cámara paseaba por la primera fila de la iglesia, con los rostros compungidos de la familia del chico. Detrás, fuera de foco, los Puccio ponían cara de falso pésame. La misma cara que puso el novio traidor de la abuela de la familia Rizzo cuando les sugirió a los padres del chico no llamar a la policía para denunciar el secuestro de Franco.

Entre las escenas perturbadoras del episodio (se están volviendo perlas narrativas de cada entrega), la más extraña fue la “cita” entre  Laborda (Pablo Cedrón) y Adriana Puccio (Rita Pauls), reunión perversa y escalofriante que terminó en una absurda charla entre la más joven de la familia y el más oscuro de los delincuentes, con un tango de fondo mientras él le decía que se sentía “un niño” y ella le aclaraba que no lo podía contener.

El final del secuestrado Rizzo fue en este episodio. Y las palabras de gracia le tocaron esta vez a Díaz (Gustavo Garzón), el bandido que hasta ahora se reservaba el rol del personaje más “humano” de la banda de secuestradores. Los guionistas escribieron para  él la frase célebre de este episodio: “La violencia en la naturaleza se da por comida, territorio y mujeres. Nosotros lo que hacemos es disfrazar la selva de civilización. Si no tuvieras de más, no estarías sentado ahí. Si yo no necesitara lo que tenés, no estaría sentado acá. Lo que nos une es lo que a vos te sobra y a mí me falta”, le dijo Garzón al condenado a muerte, ante una cámara fija. Después, en una escena bíblica, le lavó los pies con agua caliente, con la extraña piedad de los asesinos. Un par de escenas más tarde, lo remató de un tiro en el pozo negro.

Detalles históricos, observaciones y obsesiones

–Entre las frases de Arquímedes, se destacaron:

“El fantasma es un integrante oculto de la familia que hace funcionar todo el resto”.

“El pozo es para enterrar un problema. Un problema de 70 kilos. Con forma de persona, tamaño de persona, pero no es una persona. Al menos, ya no lo es”.

“Que no falte un puto Franklin” (amenaza a la familia del secuestrado antes de la entrega del rescate).

–Entre los temas que sonaron se destacó el de The Police I Can´t Stand Losing You, en la charla entre Alejandro y su novia que mostró el costado más vulnerable y a la vez manipulador del rugbier. En seguida, se desarrolló la escena de sexo de rigor.

–Los momentos memorables de Epifanía (Cecilia Rot) fueron cuando le dijo a su hija mayor "Qué es esa manera tan oscura de ver las cosas" (muy luminosa, ella). Y el gesto melancólico que puso mientras limpiaba el sótano recién desocupado de la casa, y la aspiradora se llevaba el humo del cigarrillo.

–El Coronel (Tristán) dejó otro de los momentos escalofriantes del episodio, cuando le dijo a Rizzo: “Te estamos convirtiendo en héroe pibe, sólo los privilegiados mueren jóvenes. Es feo morirse viejo. No seas ingrato”.

–Si escuchar a Arquímedes y Epifanía llamarse “papi” y “mami” da un poco de cosa, escuchar a Pablo Cedrón decirle “Arqui” al personaje de Awada tuvo el mismo efecto revulsivo.

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