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Miradas opuestas a "Fútbol permitido"

Dos opiniones encontradas sobre el nuevo programa deportivo de la TV Pública. ¿Qué te parece?

13 de abril de 2013 a las 06:15 p. m.
Miradas opuestas a "Fútbol permitido"

A favor: Paran la pelotaPor Demian Orosz

Cada domingo, al término de los esperpentos macartistas y autocomplacientes del programa de propaganda gubernamental 6,7,8, la TV Pública remonta vuelo con Fútbol permitido. No deja de llamar la atención que sea la misma productora perteneciente a Diego Gvirtz, PPT, la responsable de dos productos tan disímiles.

Desde su mismo nombre, el envío dedicado al análisis de la fecha del Torneo de Primera División remite a Fútbol prohibido, programa con el que Gvirtz debutó como productor en 1996 y cuyo panel integraba él mismo junto a Diego Bonadeo, Carlos Juvenal y Paulo Vilouta. La variante "permitida" y actualizada tiene a Alejandro Apo y Alina Moine en la conducción, y a Elio de Rossi, Chavo Fucks, Nacho Goano, Rodolfo de Paoli, Diego Brancateli y Javier Doberti como panelistas.

Mucho menos ruidoso, tribunero y petardista que El show del fútbol, su competidor por América, Fútbol permitido logra un buen equilibrio entre análisis y debate (aunque hay pocas señales de una mirada realmente federal). Alejandro Apo se calza el traje de la ex­periencia, la objetividad y la palabra reflexiva. Mientras que Alina Moine, metida sin timideces en el rol de chica preciosa y minifalda infartante, no hace de figurita que descubrió ayer los misterios del fuera de juego sino que se termina de afianzar como periodista deportiva con opinión y criterio. Como sea, la combinación belleza/te-discuto-de-fútbol tiene un poder hipnótico sobre la platea masculina.

Otra razón por la que el programa es buena opción de domingo son las cámaras exclusivas que captan el off de jugadores y técnicos y revelan una cara del fútbol que no suele salir a luz.

En contra: El aggiornamiento eternoPor Federico Giammaría

A los 13 minutos del primer programa, Fútbol permitido claudicó. Alina Moine, poco convencida, lo dijo. "¿No estamos exagerando? Es una fecha recién", advirtió, y así el programa de la TV Pública, que prometía contrapeso al show de los canales privados, quedó en la nada. La discusión versaba sobre el Boca de Bianchi y los panelistas, en minutos, ya habían sacado conclusiones terminales sobre el futuro del Virrey.

Nada nuevo. Nada que no hayamos visto en los últimos 40 años. Hombres (remarcamos el género) hablando, cada uno con una posición ideológica propia (si se nos permite el calificativo). Y una mujer, imponiendo presencia física pero con permiso para opinar (remarcando el prejuicio que se quiere combatir).

Fútbol permitido utiliza bien la exclusividad de cobertura (como en las épocas de Fútbol de Primera, nadie más puede entrar con cámaras a las canchas) y arma pequeñas historias de la intimidad del partido. El recurso de subtitular los diálogos captados con micrófono de ambiente no por remanido deja de ser atractivo. En los detalles está la historia. Pero el resto es el enésimo aggiornamiento de Polémica en el fútbol, donde los periodistas son parte de un escritorio, siempre en rondas, hablando hasta la saciedad y llevando al compañero o al invitado (link al cruce a las piñas entre Elio Rossi y Caruso Lombardi) al límite de la tolerancia.

Por lo demás, no hay vocación federalista. La desproporción entre los minutos dedicados a Boca y River y el resto es fenomenal, y eso hiere de muerte a un programa que prometía ser nacional y popular. Y esto no es una referencia provinciana. Es una cuestión de mérito: Belgrano fue uno de los cinco mejores equipos de los últimos dos torneos, pero apenas ha recibido atención en la palestra de la lucha dialéctica.

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