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La otra final: así fue el último episodio de la sexta temporada de Juego de tronos

Mientras se disputaba la final de la Copa América entre Argentina y Chile, una gran parte del mundo miraba el capítulo con el que cerró la temporada de la popular serie. Acá, nuestro comentario. Alerta de spoilers.

27 de junio de 2016 a las 09:56 a. m.
La otra final: así fue el último episodio de la sexta temporada de Juego de tronos

Atención: alerta de spoilers. Cuidado, spoilers. Es decir: para los que no vieron el décimo episodio de la sexta temporada de Juego de Tronos que se estrenó este domingo por HBO, este texto analiza con ayuda de la biblioteca de la ciudadela de Antigua, lo que pasó en el capítulo y para eso cuenta información clave. Si no lo vieron todavía, entonces no lean lo que sigue o serán incinerados por fuego valyrio. Y si lo leen, sepan que quien avisa no traiciona.Una elegía minimalista ejecutada para piano, cello y orquesta atraviesa veinte minutos de narrativa. La música es hermosa, oscura, desgarradora, imperturbable, un tejido de arpegios que entrelaza situaciones simultáneas en Desembarco del Rey, siempre en torno al juicio de Sir Loras y Cercei ante los Siete Septones. No hay necesidad de precipitar los cortes: cada encuadre es sobrio, fijo, aireado, simétrico, de travellings sutiles. Las actuaciones están contenidas, bastan primeros planos con gestos invisibles. O mostrar detalles: una prenda de ropa, un accesorio, la trenza de un peinado, vino vertiéndose en una copa, el haz de luz de una ventana. La temporalidad es vaga porque predomina la calma melancólica de lo inevitable. Algo terrible va a suceder y no sabemos qué; sólo podemos testimoniar el proceso, endulzados por la cadencia del montaje.

Dilema para fans: ¿la final de la Copa América o el final de Juego de Tronos?Entonces las piezas del dominó llegan a su fin: Cersei no se presenta a juicio ni permite que su hijo Tommen lo haga porque hará volar la capilla con todo el fuego valyrio disponible en las catacumbas. Hará volar al Gorrión Supremo, a la Reina Margaery, que extrañaremos horrores, a Sir Loras, quien tras los incidentes de Orlando merecía otro destino, a los fanáticos de la Fe Militante y a cualquier desafortunado que anduviese cerca.

Bajo el estandarte de la Casa Sapochnik

La extensa secuencia que abrió este episodio fue la contracara de la batalla de los bastardos: si allí la adrenalina derivó de un enfrentamiento explícito que podía inclinarse para cualquier bando, aquí la historia ya estaba escrita y sólo restaba contemplar cómo se derretía la intriga. Fueron veinte minutos tétricos y majestuosos, declaradamente hitchcockianos. No sólo el fan está agradecido, cualquier simpatizante del cine caerá rendido ante semejante virtuosismo narrativo.

No hay dudas de que estamos ante la serie más grande de todos los tiempos, ponderando tanto su solidez dramática como su millonario diseño de producción. Juego de Tronos tiene el lugar que se merece, aún con esas cuestionadas mesetas que irritan a los impacientes.

Miguel Sapochnik es el director que estuvo al mando de La Batalla de los Bastardos y de Vientos de Invierno, como se llamó este episodio. Y con ambos dejó en claro que entiende las dos vertientes que nutren a esta serie: lo épico y lo cortesano.

Aquí tuvimos de lo segundo: sobredosis de diálogo y uno que otro cuchillazo, pero cada palabra rasgó el aire, fue decisiva y transfiguró algo en los personajes.

La escena de Tyrion asumiendo que por Daenerys abandonó su cinismo fue demoledoramente tierna, asimismo el pedido de mutua confianza entre Sansa y Jon Snow.

El duelo verbal de Jaime Lannister con Walder Frey declaró esos principios de nobleza latentes en la sangre del apodado Matarreyes. El destierro de Melissandre hizo aún más enigmática e indescifrable a la sacerdotisa roja. Al fin entendimos qué pretende Meñique y cómo el rechazo de Sansa puede convertirlo en uno de los seres más envenenados y peligrosos de Poniente.

Diálogos y más diálogos y el capítulo no decayó jamás, algo que debería alertar a los showrunners para entregarle toda la serie a este muchacho.

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Cada pieza en su lugar

Entre lo más impresionante de Vientos de Invierno, tenemos el suicidio del Rey Tommen, cumpliendo la profecía que habíamos escuchado al inicio de la quinta temporada en boca de la bruja Maggy la Rana: todos los hijos de Cercei morirán y ella será una desdichada. Bajo un look onda Maléfica, Cercei perdió esa empatía que había ganado con su walk of shame, volviendo a ser una tarántula despreciable.

También picó alto la reaparición de Arya retomando su lista de venganza con ayuda de las máscaras de Misión Imposible. Aquellas perezosas andanzas por Braavos la convirtieron en lo opuesto a eso que pretendía Jaqen H\'ghar: que no sea nadie. Además de reafirmar su nombre, Arya es una borderline sádica: impacta qué métodos usa y qué palabras elige para hacer sufrir a sus víctimas. Descuartizar a los Frey para meterlos en un pastel y degollar a Walder del mismo modo que lo hicieron con su madre Catelyn Stark, fue poesía pura.

Samwell Tarly llega con Gilly y el crío a la ciudadela de Antigua, una escena que sólo sirvió para hacer gala de un decorado cautivante diseñado por Leonardo Da Vinci, y de paso mostrar que en Poniente sigue vigente el machismo y privan de conocimiento a las mujeres.

Una revelación importante que ya todos intuíamos: en otro de sus viajes de peyote, Brandon Stark confirma que Jon Snow es hijo de Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark. Es decir, que es el legítimo heredero del Trono del Hierro. Si todas las Casas del Norte lo aman aún considerándolo un bastardo, es incalculable lo que lograría Jon Snow blanqueando su origen.

Lejos del cliffhanger ruin de la quinta temporada, el clima fue distinto, más cercano al preludio de una gran epopeya que a la extorsión de una falsa muerte: la Madre de los Dragones zarpa hacia Desembarco del Rey con sus leales ejércitos de castrados y cavernícolas, allanando el terreno para una séptima temporada que dejó sus fichas bien acomodadas en el tablero, felizmente condenada a ser un hito en la historia de las series televisivas.

Drogo rasando el agua con sus alas fue el último regalo de este 2016. Habrán más y mejores dentro de un año.

Curiosidades

En el tablero de apertura, Invernalia vuelve a hacer gala del estandarte Stark.

Desde su aparición en el capítulo ocho, Lady Mormont arrasa en popularidad, inclusive ya circula una fanpage que le exige a George R.R. Martin sentarla en el Trono de Hierro.

El Tío Benjen apareció en el capítulo sexto para reemplazar a Hodor y sin pena ni gloria se marchó a quién sabe dónde en este décimo episodio.

Varys aparece en Dorne para charlar un rato con la abuela Olenna, que estando de luto potencia su acidez, e inmediatamente aparece en un barco con khaleesi, revelando su condición de X-Men.

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