“Juego de tronos” cerró la cuarta temporada con un final brillante (comentario libre de spoilers)
La serie de HBO basada en las novelas de fantasía de George R. R. Martin se despidió hasta el año próximo con un final para alquilar balcones. Repasamos, sin spoilers.
Todavía no se conocen los números de rating del último domingo, pero todo hace pensar que el final de la cuarta temporada de Juego de tronos impactará con sus cifras. Para el episodio número ocho la serie ya había ocupado el trono, redundancia hecha a propósito, de lo más visto en la historia de HBO, batiendo el récord que sostenía Los Sopranos. El número es impactante: cada envío promedia los 18.4 millones de espectadores en todas las plataformas que ofrece la cadena de cable, y se sigue manteniendo como el show más pirateado desde hace varios años, por lejos.
En honor a esa devoción, los creadores de la saga para televisión David Benioff y Dan Weiss habían prometido “el mejor final, sin excepción”, un último capítulo con todos los chiches, como para dejar a la tribuna (otra vez) al borde de la silla. Cómo será la confianza que Benioff y Weiss se tenían con este guion, que es el único de los 10 que enviarán este año para competir por las candidaturas de los Emmy en el rubro de escritura.
Sin ánimos de revelar mucho para aquellos que todavía no llegaron a verlo, se puede decir que los escribientes de la saga creada por George R. R. Martin tenían razón. A diferencia de la lógica argumental que mostraron en las anteriores temporadas y que encontraba el clímax en el noveno episodio, esta vez los giros inesperados llegaron para rematar. El final fue resolutivo para muchos, presentó nuevos jugadores y sentó las bases para el año próximo dejando algunas ventanas abiertas, pero con un espíritu más bien conclusivo. Titulado Los niños (The children) por razones que se revelan entre esqueletos asesinos, mostró como los "hijos" de esta historia de lucha por el poder deben aprender las maneras del mundo e interiorizarlas para poder sobrevivir.
En ese sentido, se cruzaron caminos y misiones, y se definieron las suertes de aquellos en la cuerda floja: Tyrion Lannister, Jon Snow, Arya y Bran Stark, los “hijos” alrededor de quienes giró la temporada, enfrentaron sus destinos. Los acontecimientos que los tuvieron como protagonistas respetaron al pie de la letra las estéticas religiosas de HBO y de Martin, proponiendo equilibradas dosis de tragedia, violencia brutal, argucias y venganzas, diálogos envolventes, sensualidad y acción del tipo blockbuster. Tampoco faltaron escenas de alto impacto visual, como para no decepcionar a nadie. Pero lo más trascendental fue el intercambio generacional en su mayor expresión, entre esos “hijos” y sus padres, adultos y figuras paternas. Suena anecdótico, y hasta premeditado, que el día elegido para esta emisión final haya sido, precisamente, el día del padre. Fue un final brillante, como prometieron.
Han pasado pocas horas y, mientras algunos procesan toda la información, también se escuchan las quejas de los fanáticos seguidores de los libros, que vienen reclamando por las licencias artísticas que suelen tomarse los guionistas. Si hay algo que este año ha dejado en claro, es que la versión televisiva no necesariamente seguirá a la original. A prepararse entonces para ver un Juego de tronos que desentonará (¿mucho?, ¿poco?) con las novelas, y a cruzar los dedos por la suerte de nuestros preferidos en este nuevo orden.