House of cards: en las cloacas del poder
Con Kevin Spacey a la cabeza de un gran elenco, la serie muestra el lado oscuro de los laberintos del poder en los Estados Unidos.
La política sucia es un tema recurrente en las series americanas, que en los últimos años ha ofrecido piezas magistrales, como la primera temporada de Boss o los intríngulis políticos en torno al policial The Killing.
House of cards, primera serie producida por Netflix, se enmarca en esa línea, con un Kevin Spacey que se luce como Francis Underwood, congresista inescrupuloso que muestra lo más oscuro y tenebroso en torno a los laberintos del poder. Este Underwood, que hace 22 años recorre los pasillos (y las cloacas) del gobierno, le habla directamente al televidente.
Allí cuenta los secretos de su profesión, el por qué toma las decisiones que toma, cómo estructura la venganza que será terrible. "Cualquier político que obtiene 70 millones de votos está metido en algo mucho más grande que sí mismo", introduce desde el comienzo.
Underwood sabe para dónde sopla el viento, a qué puertas (o personas) debe golpear para conseguir su objetivo, y cómo cambian los objetivos de acuerdo a las circunstancias. La serie, que al principio marea un poco entre tantos datos y nombres, con el correr de los espisodios se asienta en dos o tres ejes claros muy interesantes, especialmente cuando crece la figura de este congresista que se especializa en "limpiar las cañerías... y mantener los desechos cloacales en movimiento".
La definición que Underwood hace del contexto, de la prensa, de los colegas, es exquisita. Tiene grandes líneas de diálogo, como cuando define a un relacionista público: "Eligió el dinero por sobre el poder. Un error que casi nadie comete. El dinero es una mansión... que empieza a desmoronarse luego de 10 años. El poder es un antiguo edificio de piedra de esos que duran siglos. No puedo respetar a alguien que no ve la diferencia".
Además de tener a Spacey como protagonista, House of cards cuenta con un gran elenco, en el que se suman Robin Wright, como su esposa, o Kate Mara, como la ambiciosa periodista que quiere jugar un juego peligroso. Y, entre los directores recurrentes aparecen David Fincher y Joel Schumacher. Nada menos.