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El diván de la farándula

En el consultorio de Vicky Lauría, ricos y famosos tratan de buscarle la vuelta a sus neurosis. Y aunque casi nunca la encuentran, por lo menos se ríen y regalan un gran momento televisivo.

14 de agosto de 2012 a las 12:00 a. m.
Cristina Aizpeolea
El diván de la farándula
El dúo Pimpinela fue a terapia y terminó cantándose las cuarenta.

A la hora de la cena, los conflictos de la farándula que nadan en el imaginario colectivo pueden aparecer en Graduados, sentados en el diván de Vicky Lauría. Y así, con total naturalidad, el asunto más intrincado queda al borde del absurdo, al límite del desbande, gracias al humor que le ponen los protagonistas y, claro está, a la incorrecta psiquiatra que compone la actriz Paola Barrientos, una de las mejores noticias de la tira creada por Sebastián Ortega.

Barrientos lleva más de 10 trabajando en el teatro, pero se hizo popular cuando grabó para la tele la saga de avisos del Banco Galicia, haciendo gala de un perfil de consumista caprichosa que lejos está de su realidad y de su vocación de artista. Hoy, mientras continúa haciendo teatro (acaba de estrenar Las criadas) tiene muy bien ganada la silla en esta comedia que ya anotó su nombre en la historia de la tevé por haberle hecho frente a Tinelli con armas más nobles.

Labios pintados de rojo, pollera de cintura marcada y tacos altos permanentes, Vicky, la terapeuta, hace todo lo que no debería hacer una profesional de la salud mental; desde comentar los casos con sus amigos, hasta juzgar explícitamente a los pacientes con la lente de su particular lupa. Y así, cuando algún famoso llega por su consultorio las sesiones de terapia resultan un gran momento televisivo.

Los más y los menos

Pablo Ruiz fue el primero en pasar por allí. Y llegó atormentado por sus ataques de pánico y obsesionado por su hit Oh mamá, ella me ha besado. "Te juro que me la quiero extirpar, me la quiero operar. No la quiero cantar más", le confió el cantante, desesperado. Ella le aceptó el ruego, pero le retrucó que "es un temazo" y, a modo de contrafobia, se la hizo volver a entonar, en voz bien firme, ¡mientras le grababa la canción para sus primas!

Lucía y Joaquín Galán, los hermanos Pimpinela, también acudieron al consultorio buscando una terapia dinámica y, sobre todo, confidencialidad, porque después de 30 años de carrera se sentían atravesando una crísis artística. "Quédense tranquilos -les dijo la psiquiatra-, que estoy acostumbrada a atender gente de la farándula y a no decir nada de las barbaridades que hacen...". Después les largó un: "Ustedes no son normales. No es normal que dos hermanos se traten como si fuesen una pareja". Y finalmente los invitó a sincerarse, cantándose las cuarenta: diciéndose de todo, sacando broncas viejas, a los gritos, pero con entonación.

Hiperconectada, verborrágica, incapaz de filtrar un pensamiento, la psiquiatra Vicky Lauría también usa las sesiones de terapia con fines poco ortodoxos, como la revancha. Y si no, pregúntenle a Silvio Soldán, a quien le cobró 20 años después la humillación que sintió su personaje en Domingos para la juventud, porque fue la elegida para el bloque de Preguntas y respuestas y, como no pegó una, terminó con orejas de burro. El veterano conductor había ido a terapia en busca de armonía pero terminó entrampado, obligado a buscar en un cajón lleno de llaves aquella que le permitiera abrir la puerta del consultorio para poder salir. Una escena inovlidable, como aquel cofre de la felicidad.

El ex tenista Gastón Gaudio tuvo otro pasaje memorable. En realidad, acudió a varias sesiones, una mejor que otra, y en todas resultó delicioso haciendo de si mismo. Gaudio se reveló como un gran actor y con gran sentido del humor. "Cada vez que vengo acá, la paso peor que cuando jugaba", le dijo en la última. Aplausos.

Mucho menos feliz resultó el paso de Martín Palermo por el consultorio más famoso de la tele. El ídolo de Boca llegó desganado y falto de energía, perseguido por algo que no sabía muy bien cómo tomaría su terapeuta. Vicky se ilusiónó, pensando que venía con ánimo de galán, pero el rubio hablaba de la mascota Pachorra y todo terminó en una publicidad no tradicional de Yogurísimo. Buuuuhhh.

Quillermo Cóppola fue otra víctima de la terapeuta. Cuando llegó el representante de jugadores, famoso por su buena relación con la noche y con las mujeres, quiso sacarse "la pilchita" para pasar directo al diván. Ella lo frenó en seco. Lo atendió cordialmente y con distancia, no sin antes tomar la precaución de guardar todos los jarrones que tenía a la vista.

Chica de tapa

Paola Barrientos, casada, 38 años, un hijo, sonríe desde la última tapa de la revista OhLaLa! y comienza la nota contando que, a veces, al terminar el día llora de cansancio o de miedo a no poder disfrutar todo lo que le está pasando.

También relata que alguna vez hizo terapia, aunque no mucho, porque sus afectos la mandan todo el tiempo. Y entre esos "mandones" que tutelan su diario vivir, anotó a sus amigos y a su mamá, que es psicóloga. Todo un dato.

Graduados

La creación de Seabastián Ortega, se emite luneas a viernes, desde las 21.15. Por Teleocho. Paola Barrientos interpreta a una de las ex secundarias, la psiquiatra Vicky Lauría.

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