Té con scones
Algunas series británicas para volver a ver.
Se acaban las series que miramos, las temporadas de algunas (House), definitivamente otras (24, Lost, Flashforward). Para los que padecen el síndrome de la continuidad o la también denominada fiebre-episódica-compulsiva, no queda más remedio que descubrir viejos capítulos, encontrar hallazgos que pasaron por alto, o esperar que las novedades sean prometedoras (Breaking Bad, por cierto, parece serlo).También es una buena temporada para repasar otro tipo de series, menos redondas que las made in L.A., pero mucho más arriesgadas y, por qué no, desprolijas. En las tierras de los Monty Python, donde se cuece la ironía a fuego lento, el té se toma a las cinco y Mike Leigh encuentra caras extrañas, se viene haciendo ficción en TV que, sin perder elegancia, explora otros estilos.Si algo caracteriza a las series inglesas de los últimos años, es su incorrección, su humor más filoso, su falta de pacatería para animarse a algunos temas y, sobre todo, contextos y personajes de las entrañas de la clase trabajadora y los suburbios británicos. Algunas que vale volver a ver a la espera del regreso de las de siempre:Actualmente, I.Sat emite los viernes Beautiful people, la historia de un adolescente gay en un suburbio marginal de Inglaterra que sueña con Londres, un retrato a lo Billy Elliot, pero abiertamente gay. En el mismo canal se ve también Shameless, la historia de la familia más revulsiva y tierna del planeta. y en la misma señal se emitía hace un tiempo Sugar Rush, la historia de una adolescente en pleno despertar lésbico.En el plano de comedia, The It Crowd tiene apenas un par de temporadas, pero es una semblanza perfecta de un grupo de nerds a los que lo que les sobra en inteligencia tecnológica les falta en habilidades sociales. Y, claro, los ingleses crearon las versiones originales de The Office (Ricky Gervais), Coupling, sketches sobre situaciones de parejas y solteros de 30 que valen en el mundo globalizado, y la genial Little Britain. Por supuesto, hay muchas más, tantas como la BBC permite. Lo mejor: pocas veces hay risas grabadas, no importa el glamour sino la elegancia, y las estructuras de cada capítulo no responden a la dinámica de los dramas y comedias norteamericanos a los que estamos acostumbrados a ver.

