Suena familiar
¿La familia está de vuelta en la TV? ¿De vuelta de dónde?
"La familia está de vuelta", es el eslogan de la cadena NBC para promocionar su nueva serie, Parenthood ("paternidad"), un drama con algunos ribetes (suaves) de comedia, que acaba de estrenarse en EEUU (llegará pronto a estos lares). La misma frase podría aplicarse a Modern Family , de ABC, la otra gran cadena en EE.UU. La cuestión no sorprende en los canales argentinos, en los que las tiras nunca abandonaron el clan (desde Los Benvenuto hasta Valientes), pero en la fábrica del entretenimiento televisivo del norte, parece ser un revival.Pero, ¿de dónde vuelve? De aquellos años lejanos, en los que el living con chimenea era la escenografía, los padres los maestros Po, y los hijos los educandos. Y así, el espectador, sentado en familia en el sillón, se entretenía en la sobremesa y, de paso, veía cómo funcionaba (o, mejor dicho, aprendía cómo debería funcionar) una casa, una vez traspasado el felpudo de bienvenida.Claro que al desgranar detalles de la vida doméstica en nuestra infancia, cualquiera se daba cuenta de que había años luz entre nuestras familias y los Ingalls, ese modelo de familia-pobre-feliz: ni los chicos éramos tan obedientes, ni los padres tan comprensivos (y nadie cenaba a las seis de la tarde). Por suerte, años más tarde, los Flanders ridiculizaron esa perfección, y suspiramos aliviados. Sin embargo, así como los Ingalls eran el paradigma de cómo debía ser la familia ideal, desde mucho antes Los Locos Adams mostraban el anti-ejemplo tranquilizador: siempre iba a existir un grupo familiar más extraño que el propio. O más melancólico y ñoño (Cinco en familia), o más neurótico (Lazos de familia), o más realista (Casados con hijos), o más animado (De Los Simpson a Padre de familia).Pero en los años '90, la familia que hasta entonces era el macro personaje (moralizante y formador) central, dio lugar, con Seinfeld, Friends y otros hits televisivos, a otro núcleo humano: el grupo de amigos treintañeros, que van de la casa al bar en común, y del bar en común a la casa. En la primera década del 2000, la escenografía de departamento de soltero volvió a cambiar por la del lugar de trabajo, y el grupo de amigos por el de colegas: estudios de abogados, hospitales, set de televisión, oficinas fueron el nuevo espacio de las series.Si, de acuerdo a algunos guionistas, escenario, vínculo y ambiente de tales series responden a una identificación con la vida cotidiana de los contemporáneos que la miran, todo indica que la familia está de vuelta. Pero ahora las puertas del hogardulcehogar están más abiertas al exterior, el núcleo familiar se dispersa y las cosas no son tan simples.Modern family se plantea como una comedia progre y de avanzada, tanto en lo formal (está contada en forma de mockumentary, es decir, de falso documental) como en su historia sobre tres familias: una pareja gay que adopta a una niña vietnamita; un hombre mayor que se casa con una colombiana que tiene un hijo de 8 años de su marido anterior; y una pareja que intenta poner límites a sus hijos adolescentes y, al mismo tiempo, jugar a los padres cancheros.Parenthood es similar, pero en tono de drama de una hora de duración: tres hijos adultos se reúnen otra vez en casa de sus padres: una recién divorciada con hijos adolescentes; un exitista que descubre que su hijo tiene autismo; un cuarentón que teme al compromiso y a la paternidad. Todos se juntan el domingo bajo el techo del abuelo, cuya ley de cacique termina imponiéndose.En los dos casos el eje es cómo ser padres jóvenes, con chicos-chicos, sin repetir la pedagogía de la generación anterior, mantener una vida propia y, a la vez, estar cerca de los hijos en momentos claves. Pero al final, ambas series parecen más un manual para "Ser padres hoy" que historias que se sostengan por sí mismas. Modern Family peca de correcta y en su intento por incluir a minorías (gays, latinos, adolescentes en problemas), siempre termina con conclusiones de instrucción moralizante estadounidense. Parenthood recién empieza, pero el tono "esto-puede-estar-pasándote-a-vos-ahora-mismo" se huele hasta en la tanda publicitaria. Si cada familia es un mundo, hay otros ejemplos de otros planetas. Si queremos ver una serie sobre un verdadero zafarrancho familiar, sin concesiones ni medias tintas, mejor repasar algunas de las primeras temporadas de Weeds (viuda+con hijos+mantiene el hogar ejerciendo de dealer); el caos de United States of Tara (madre con personalidad múltiple+hija adolescente libertina+hijo gay+padre buenazo); o la espléndida comedia británica Shameless (madre abandónica+hogar de clase obrera+padre alcohólico per encantador+seis hijos que se las arreglan como pueden). Lo bueno, Paul Abbot la escribió sin ningún tabú. Lo no tan bueno, se basó para eso en su propio árbol genealógico.

