No sé José
Una historia de amor con final dramático
[sala de embarque]
No sé José el asado que nos comimos el domingo y la piel, la piel de la chica que se quedó dormida. Resulta que si al jugo de naranja lo hacés con cáscara, sobre la costra tostada de la carne de cerdo se forma una capa ligeramente ácida, un sabor de lo más atractivo, que incita a los comensales a contar historias de amor. Por ejemplo:A conoce a B en la vereda de la casa de B. Son vecinos nuevos, y cuando comienzan las clases descubren que también van al mismo colegio. Se declaran amor mutuo, eterno, verdadero. Cuando crecen lo suficiente se mudan juntos. Cuando crecen aún más se separan, sin demasiado convencimiento pero con bronca. Algo pasó, algo que no está del todos claro para ninguno de los dos. Pasa un año y ninguno de los dos sabe nada del otro, hasta un infortunado cruce en una calle de una ciudad en la que ninguno de los dos vivía, como si por un secreto convencimiento compartido hubieran decidido pasar las vacaciones en el mismo lugar. En una esquina, A se cruza con B, pero B va acompañada, tomada de la mano de C. A enfurece, imagina las manos de C en el cuerpo de B, la lengua de C en el cuello de B, en el ombligo de B, en el aro que B tiene en la nariz. Imagina la boca de C en los dos lunares que tiene B entre los omóplatos. Vuelve a Córdoba y recién entonces le cae una ficha, como de necesidad de exorcismo, y le gustaría vivir en otro lado, urgentemente, vivir en algún lugar en el que se hable otro idioma y no sólo fuera realmente imposible cruzarse con B sino también volver a escuchar o a leer su nombre. Algún lugar como Berlín. Y se va a Berlín. El día en el que la pareja de A y B hubiera celebrado un aniversario más, A decide tatuarse el nombre de B en la espalda. No le quiere dar vueltas al asunto, simplemente va y se tatúa el nombre en la espalda. Pasa el tiempo, sin que ninguno de los dos pueda hacer algo para evitarlo. Pasa el tiempo porque esa es la tragedia de las cosas. Pasa el tiempo y A vuelve a Córdoba. B se entera del regreso y le dice que podrían tomar un café, o almorzar. Al fin y al cabo pasaron tantos años juntos…A prepara un recuento de cosas para decirle, pero lo primero que le sale de la boca no es una palabra. Ante cierto asombro de los presentes, se levanta la remera y le muestra la espalda tatuada. B pierde el color del rostro, pierde toda posibilidad de lenguaje. Hace lo mismo, se levanta la remera, A primero ve el borde del corpiño, el ombligo perfecto de B, la cintura, las primeras vértebras desde la cola de B, los omóplatos, y, entre ellos, su propio nombre, la letra A, y dos lunares que parecen una diéresis y que le dan al sustantivo propio un aspecto como de alemán. [vuelos de hoy]
1. Avatar. La palabra en la que hay que pensar si no nos queremos quedar afuera de la pomada. 2. In english, por ahora: parece que se armó. El e-book tiene su primera batalla legal en puerta. 3. Increíble oferta laboral. ¿Ves lo que te pasa por no estudiar filipino?4. Alguna vez citamos una entrevista reciente a Aira. Bueno, vino Mempo Giardinelli y le respondió. Se impone citar a Terranova: "Con qué poco Aira queda tan reducido. (Y eso que lo de las abuelas cuentacuentos es digno de una novela suya. Haga la cuenta, César.)".5. Para ellas, es incluso gracioso. 6. Cerramos con un artículo de lectura ligeramente complicada pero con un título tan pero tan hermoso que podríamos prescindir de toda lectura y quedarnos a pensar acerca de esa única frase, todo el día, toda la noche.
7. Esta semana, las imáganes de Aeropuerto son de Carmen Cachín. La invitación sigue abierta: enviame seis imágenes a [email protected]. ¡Gracias!

