La música que escuchan todos
Un post sobre la cumbia que supimos conseguir.
Sobre el cierre del milenio anterior, Christian Aldana gritó en un concierto, que luego sería documentado en un disco en vivo de El Otro Yo, que la cumbia es una mierda. La reacción quería denunciar el carácter pasatista y la inconsistencia artística de un género que, supuestamente, anestesiaba a las clases populares, las embrutecía. Contemporánea a esa "incorrección" de Aldana fue otra de sus tomas de posición, en la que blanqueaba "la música que escuchan todos yo no la escucho, y está sonando". Pasaron casi 13 años y todo parece indicar que la cumbia se ha añejado mejor que un rock nacional cuyo culto exagerado del aguante se estrelló en Cromañón y sus nefastas consecuencias. Veamos por qué. 1) Pablo Lescano, el Timbaland de la cumbia villera, le encontró una dimensión psicodélica a sus producciones y ha conseguido un nivel de credibilidad que varios héroes del rock han querido canibalizar. Para reforzar la idea, vale releer esta entrevista a Mariano del Águila, uno de los autores del libro Familia canción, una indagación no académica en la que se busca exaltar el ritmo que baila el "negro". 2) El reguetón (producto de un nuevo bastardeo de lo "tropical") supo viralizarse como música urbana y exhibiendo los gestos incómodos que antes le correspondían a esa cultura sexagenaria nacida cuando Elvis se empeñaba en cantar como un negro y movía su pelvis para desafiar toda convención sociocultural. Porque el reguetón es sexista, violento en el sentido de que no le importan sus antecedentes. 3) En la cumbia se produce un nivel de experimentación que el rock argentino ha perdido, al menos en un nivel que toque tangencialmente al mainstream. Como prueba podemos exhibir un número artístico madurado en Córdoba, Frikstailers,que ahora se desarrolla en México (tocan en Londres los primeros días de Diciembre). Y también a todo el catálogo del sello ZZK (La Yegros, Fauna, Chancha Vía Circuito, Villa Diamante). 4) En la cumbia se da un nivel de confrontación que el rock ha perdido. Por caso, este fin de semana coinciden en Córdoba Kumbia Queers (desprendimiento del punk gay antifascista y pro aborto ) con lo más banal que puede ofrecer el género hoy, Agapornis. Formaciones en las antípodas desde un punto de vista ideológico pero que convergen en una idea: entretener. Como sea, se aquí un caso de la vieja antinomia del rock nacional de los \'70 u \'80, algo así como profundos versos superficiales; o artísticos versus comerciales. También pensantes versus chetos, por qué no. 5) Una reflexión con respecto al entretenimiento. Por más que la cumbia haya adquirido una dimensión combativa, el baile es el baile, y éste se genera por una cuestión irracional. De ahí que el "brincar mientras pensamos" de Calle 13 sea falaz. En ese punto, como contrapartida, sale vociferar "aguante el instinto asesino del pogo".

